Los argentinos, esos ciudadanos que en algún tiempo nos sentimos “distintos” o “diferentes” a nuestros hermanos latinoamericanos, fuimos aprendiendo, especialmente a partir del conflicto de Malvinas, que existe una identidad latinoamericana que es inseparable de aquello que llamamos el ser nacional. Podría decirse que no hay ser nacional sin latinoamericaneidad o bien que el ser nacional supone aquella idea de la ciudadanía latinoamericana. Son historias entrelazadas y destinos cruzados, más allá de que aún haya quienes no quieran entenderlo así. Pero al margen de las lecturas ideológicas, desde un lugar mucho más pragmático, nadie podría negar que en el actual mundo de la globalización las únicas posibilidades de un futuro mejor –así éste no alcance sino el umbral de lo digno– pasa por la constitución de bloques regionales que se apoyen en la complementariedad de los recursos y de las acciones.
América latina y el modelo nacional
Washington Uranga, en Página/12 de hoy.