Las últimas gestiones municipales han sumido a Mendoza en el atraso. A ello, cabe agregar el estilo de gestión del intendente actual, apoyado en la autocracia y las decisiones caprichosas, contradictorias, y sin planificación, y los castigos a los vecinos, lo que sólo suma más problemas a la ciudad. Dan cuenta de ello los comerciantes que fueron a quejarse por la falta de finalización de las obras de pavimentación de la Jorge A. Calle, y a cambio sufrieron intensas y furibundas inspecciones de la municipalidad. El mensaje es claro: si se queja, espere el “vuelto”.
El Concejo Deliberante de la Capital, en especial el bloque oficialista, ha sido acrítico, silente, y cómplice en muchas oportunidades. Los casos de oposición real son contadísimos. El intendente encuentra en ese ámbito, muy acostumbrado a levantar la mano cumpliendo órdenes, el “socio” adecuado para tomar determinado tipo de medidas.
Así, las decisiones sobre el estacionamiento, los cuidacoches, los vendedores ambulantes, los persas, la policía municipal, la obra pública, los espacios públicos, han estado signadas por este estilo autoritario, para apoyar medidas muchas veces arbitrarias, que tampoco resolvieron los muchos problemas que la ciudad tiene.