Cómo ser el último grondonista virgen

La realidad satirizada, para que no duela tanto. O para que la entendamos mejor: te la cuentan con el atenuante de la ironía. Un remedio contra el cinismo imperante en muchas decisiones, en la pluma de Roberto Pérez. Conocelo. Metete y leé.

Foto: Archivo
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Ahora que casi casi casi todo el país se ha puesto a apalear al proyecto grondonístico de Megacampeonato con 38 equipos es mi hora de tratar de ser justo, por una vez al menos. Y quiero que lo sepan: ¡Banco a esta nueva configuración de torneo de fútbol, y rebanco a Don Julio! ¡Qué tanto!

Ya sé, no me digás, tenés razón: si profiero algo así sin estar a sueldo de la AFA, es porque (además de ser un gilazo muy importante, lo asumo) tengo menos fútbol que el canal Utilísima. Muy cierto es. Para mí, esa P.S.A (Patología Social Argentina) cariñosamente llamada fobal es un berenjenal de charlatanerías en el que me pierdo, y al final me da lo mismo quien juegue y si lo hace mal o bien; no me doy cuenta de las diferencias, y poco me interesan. No distingo un doble cinco de un enganche, un lateral con proyección de un nueve de área, y me parecen lo mismo un burro que un gran profesor.

Y aunque ante los simples esa prolija ignorancia me desacreditaría para opinar, igual voy a romper una lanza por Su Ilustrísima Julio H. Grondona, porque bien lo merece ya que aquí y ahora se ha puesto demasiado de moda pegarle hasta debajo de la lengua, siendo que han pasado tres décadas sin mayores cuestionamientos hacia su preclara figura; parece que en tiempo récord todos han convenido que es peor que Darth Vader mal dormido.

Entonces, yo y mi indomable espíritu que siempre me lleva a nadar contra la corriente (así me tapa el agua, también…) venimos a proclamar que eso es una de las mayores injusticias que imaginarse pueda. Y procederé a fundamentarlo inmediatamente.

A ver: Hemos vivido vociferando quejosamente que este es un país imprevisible, donde todo puede pasar y el que llega a la cima tira para atrás todo lo que hicieron sus antecesores, y entonces es como que siempre estamos empezando de nuevo, y que donde vamos a parar doña, etc. Esto es innegable. ¿Y siendo así, como es que no valoramos ese promontorio perpetuo, incólume ante las tempestades, símbolo viviente de continuidad y perseverancia que es D. Julio Grondona? ¿Acaso somos incapaces de justipreciar que, mientras nos hundíamos en tembladerales diversos, al acaso de las turbulencias políticas y económicas que nos hemos comido en tres décadas, el Gran Julio era un punto de referencia, un faro inextinguible que dando ejemplo de templanza continuaba firme como bigote de madera cuando (por ejemplo) nos cosechamos cinco Presidentes de la Nación en una semana?

¿Y con qué cara criticamos al Gran Jefe del Fútbol Nacional (y popular) y al mismo tiempo le exigimos a nuestros politicuchos que se pongan de acuerdo, que coordinen políticas de Estado, que hablen entre ellos o al menos se saluden civilizadamente, cuando hemos visto hasta el cansancio que Don Julio ha sabido y podido ponerse de absoluto acuerdo con todo tipo de líderes, sean estos civiles, militares, radicales, justicialistas, más de derecha o más de izquierda, rubios o morochos, oligarcas o populistas, etc? Él es un vivo ejemplo de lo que necesitamos, lo sepamos o no, y sin embargo tres cuartas partes del país lo quiere colgar en la Plaza de Mayo. No se entiende, perdonen que se los diga…

¿Acaso no ladramos todo el tiempo que nuestros dirigentes deben ser más flexibles, reconocer errores, saber cuando retroceder, que enmendarse públicamente no es de cobardes si no de bien nacidos? Bueno, Grondona el Groso acaba de darnos otra lección, al enfriar súbitamente su proyecto de hipercampeonato largo como flatulencia de víbora cuando le hicieron saber desde las más altas esferas que la gran Caja Nacional (y popular) no financiaría tan alegremente el aumento de casi cien por ciento de lo ya pautado para el “Fútbol para todos”; que mejor será dejarlo para después. Entonces, ante esa arrugada ajena (no propia, eso jamás) sale a ponerle freno de mano al asunto, y luego lo hablamos, lo debatimos, lo difundimos. No hay problema.

Del mismo modo, vivimos cansándonos entre nosotros con la cantinela de la “Institucionalidad”, de que hay que respetar las instituciones y hacerlas funcionar para lo que fueron creadas, que si no esto es cualquier cosa y que como nos verán afuera, etc. etc. No obstante, estamos omitiendo que el Ilustre mandamás de la AFA logró todas y cada una de sus ya incontables reelecciones al frente del organismo con escrupulosa pulcritud y el aval de los miembros del respectivo Comité Ejecutivo, que lo han ungido incluso por unanimidad en no pocas ocasiones, tal como manda el reglamento al que deben ajustarse sin hesitación alguna. El hecho de que para lograr ese pequeño gran milagro él los tenga agarrados del órgano masculino más sensible (la billetera) no opaca en nada la innegable transparencia de tales actos.

Y justo ahí quiero detenerme, ya para terminar con esto. A nuestros estamentos dirigenciales les achacamos “falta de transparencia” con demasiada asiduidad. Pues bien: las verdaderas intenciones de Don Julio el Magnífico siempre están a la vista, con total transparencia. Él no te oculta nada. ¿Qué ha hecho grandes negocios desde sus cargos en AFA Y FIFA? Obvio, lo sabe todo el mundo. ¿Qué ha manejado el fútbol  a voluntad, decidiendo a veces en soledad sobre cuestiones de gran trascendencia para nuestro balompié? Y si, se nota a la legua y nadie (mucho menos él) se ha molestado en disimularlo; por otra parte, eso es lo que muchas veces deben hacer los grandes líderes, mal que les pese. ¿Qué acomodó a sus hijos en las altas estructuras rentadas del organismo que preside? Claro, o acaso nuestros dirigentes de todo pelaje no se cansan de decir que “la familia es los más importante, la célula básica de la sociedad”, y todo eso? OK, ahí tienen un ejemplo práctico de tamaña verdad; que se trate de SU propia familia no invalida la coherencia del  proceder.

Por todo lo expuesto, señoras y señores, digo y proclamo que Don Julio Humberto Grondona es un ejemplo a seguir para nuestra desorientada población, particularmente para los jóvenes que no saben qué hacer con su futuro, en esta época de turbulencias nunca vistas; será cuestión que emboquen algún alto cargo en una institución notable y no lo suelten nunca más. Listo, vida resuelta. Él siempre fue un totem inmutable, y aún hoy, cuando las balas de la incomprensión le pican cerca, sabe sacar conejos de esa galera sin fondo que tiene, y pela este recontracampeonato que acaba de presentar con sordina a la consideración de los simples mortales que lo miramos azorados. Ahí tienen un ejemplo prístino de capacidad de adaptación a los tiempos y las circunstancias, otra cosa que siempre se le reclama a los otros, a esos miembros de todo stablishmen que se emperran siempre en lo mismo y no saben acomodarse a los mandatos de la historia y los cambios sociales. ¡Tomen para que tengan y aprendan! ¡Don Julio no se rinde! (por ahora, pero ya van 32 años así, o sea que...).

Eso es todo por ahora. Gracias por su atención.