"No sólo hay gatillo fácil cuando un policía dispara aviesamente contra alguien y luego intenta modificar los hechos para hacerlo pasar como un acto de defensa propia o un accidente. Y, si se puede evitar, no hay accidente. Tanto más vale este concepto en el caso de las armas de fuego, cuyos disparos, por lo general, no dan una segunda oportunidad y siembran muerte y dolor", sostiene Fernando Rodríguez en La Nación.
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