El peronismo monárquico

Muy pocas veces antes se había visto utilizar la discrecionalidad del poder como lo hizo la Presidenta al elegir las listas del peronismo. Una mala señal de calidad institucional que produjo un sonoro silencio en el PJ local.

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner acaba de ejercer el poder discrecional que le dan su popularidad y la caja del gobierno nacional, de una manera autoritaria y -curiosamente- contra su propio partido, el peronismo, al que acaba de doblegar definiendo sus listas de legisladores nacionales con un sentido ultra verticalista.

Sin siquiera escuchar la opinión de los dirigentes locales -excepto sus amigos personales- decidió los candidatos a diputados nacionales a dedo, sin mantener al menos el mínimo diálogo con los dirigentes del PJ, para entronizar en cambio a la agrupación juvenil kirchnerista que dirige su hijo Máximo.

Cristina, con la designación de los candidatos a legisladores, del postulante a vicegobernador de Scioli, y de su propio candidato a vicepresidente; ha tratado al peronismo -y los dirigentes así lo han consentido- como a un partido político sin opinión, carente de poder, y de una manera definitivamente unitaria y centralista. Uno de los partidos más federales del país debió hacer fila en Olivos para que la Presidenta le haga las listas.

En Mendoza se ha reproducido casi lo mismo que en otros distritos del país, aunque no en todos. Mientras los principales dirigentes del peronismo mendocino hacían procesión hacia la Casa Rosada, la presidenta elegía -sin consultarles- a los que serán los representantes de Mendoza en el Congreso de la Nación.

No se trata de comentar aquí uno a uno los nombres de los postulantes. Pero es imposible dejar de mencionar la inclusión de una joven con un año y medio de militancia en la agrupación La Cámpora como segunda candidata a Diputada Nacional. Su única experiencia previa había sido, como abogada novel y sin haber ejercido la profesión, trabajar como asesora en el ministerio de Gobierno.

La diputada Patricia Fadel quedó relegada por la joven militante. Fadel es una mujer histórica del peronismo mendocino, con la que se puede coincidir o no. De hecho, MDZ la criticó en más de una oportunidad por su alineamiento K, que de acuerdo a nuestra opinión implicó su falta de visión federal. No es menor que Fadel haya sido desplazada a pesar de haber desempeñado un rol clave en la sanción de leyes importantes para el oficialismo, como la Ley de Medios.

Su única diferencia con el kirchnerismo parece haber sido su negativa a la aprobación del matrimonio igualitario, un tema que no forma parte del ideario del Justicialismo -dicho sea de paso, un partido históricamente socialcristiano- y que nunca había sido sostenido ni defendido por sus principales dirigentes.

La enseñanza para el resto del peronismo parece ser clara: no se permitirá la menor diferencia con la Presidenta. Nos preguntamos: si en el futuro se discutiesen proyectos que le hicieran daño a Mendoza, como por ejemplo la Promoción Industrial para provincias vecinas, o la distribución antojadiza de fondos u obras nacionales. ¿Qué harán los diputados nacionales representantes de Mendoza puestos a dedo por la Presidenta?

El federalismo argentino de los próximos años, ¿será una nueva carrera para arrodillarse ante el poder presidencial? ¿O se tratará de ver quién es más pícaro para sacarle cosas a la Señora Presidenta?

Pobre expresión de estados provinciales que debieran ser más autónomos.

Como antecedente previo al cierre de listas del sábado, el PJ local tuvo que dejar imprevistamente los dos primeros lugares de la lista de diputados provinciales del Tercer Distrito a otros dos jóvenes inexpertos de La Cámpora, relegando para ello a dirigentes jóvenes y con experiencia, cuyo pecado debe haber sido no militar en la agrupación del hijo de Cristina Fernández.

No se trata de trabar el ingreso de los jóvenes a la política. De hecho, desde el nacimiento de MDZ reclamamos la renovación de la política y mayor participación. Pero definitivamente nos parece un exceso colocarlos a dedo en cargos electivos de alta envergadura institucional, provinciales y nacionales. No van a una legislatura o al Congreso como jóvenes aprendices -es lo que son-. Van con todos los poderes de representantes del pueblo, aunque ese poder de representación pareciera estar en el dedo de la Presidenta.

El camino lógico, normal, de la democracia, con el cual muchísimos militantes de la juventud peronista se sentirían más que reconocidos, hubiera sido comenzar como concejal de su departamento y hacer una carrera escalonada y natural hasta los más altos sitiales a los que puede aspirar un ciudadano.

La arbitrariedad que hoy aplica Cristina va más allá del peronismo y daña a las instituciones, en este caso a los partidos, y en el futuro tendrá efectos negativos sobre el mismo poder de quienes hoy lo detentan. Es posible que no siempre las encuestas y la situación económica sean tan favorables. ¿Qué pasará entonces con este estilo hiperpersonalista de la Señora Presidenta? ¿Cómo reaccionará entonces el peronismo hoy menoscabado?

Los dirigentes peronistas mendocinos que en privado y en voz baja se sienten dolidos y víctimas del destrato de la señora Presidenta, están haciendo un sonoro silencio. Es verdad que ella tiene la billetera y los votos, como dicen muchos de los que aceptan las imposiciones de la birome sin más. Valdrá la pena recordarles que en los '90 la billetera y los votos eran de Carlos Menem, quien llevó de la nariz al peronismo, hacia el neoliberalismo, una doctrina que -no caben dudas- está totalmente alejada del ideario justicialista.

Los partidos políticos son fundamentales para la democracia. Pero el PJ nacional y el provincial no están cumpliendo su rol. Han quedado vacíos como estructuras de poder. Han dejado de ser los vehículos para promover planes, renovar ideologías, formar dirigentes y practicar la democracia. Ahora, el camino de la sumisión y el dedo que ha elegido la señora Presidenta es un empujón más en este deterioro progresivo que sufre el principal partido de la Argentina.