Reflexiones y agradecimientos

Tener la razón y luchar por la verdad permanentemente no implica garantías. Hoy, muchos ciudadanos estamos en libertad condicional. O condicionada, de acuerdo a los negocios, los territorios, e incluso las propiedades que le interesan al poder.

Hay que estar alertas. Lo que ocurrió con las causas derivadas de la licitación del mobiliario urbano porteño, por las que fuimos perseguidos durante cuatro años con herramientas judiciales y operativos mediáticos, le puede pasar a cualquier argentino, en cualquier situación, por cualquier causa. Tener la razón y luchar por la verdad permanentemente no implica garantías. Hoy, muchos ciudadanos estamos en libertad condicional. O condicionada, de acuerdo a los negocios, los territorios, e incluso las propiedades que le interesan al poder, que algunas veces es público y otras privado, o bien comparten intereses.

Durante este largo camino en el que debimos aprender a defendernos de las injusticias, los agravios, y los daños más flagrantes; hemos encontrado una trama densa sobre la que todos deberíamos estar atentos: alianzas espurias, jueces de alquiler para todo servicio, magistrados serviles o timoratos… Medios cómplices y mentirosos, empresarios inescrupulosos capaces de decir y hacer cualquier cosa sin importar las consecuencias, políticos venales y ambiciosos, Es muy difícil defenderse en ese mar de peligros. La razón nunca es suficiente.

Cuando uno ingresa al mundo del derecho penal en la Ciudad de Buenos Aires, se encuentra con un indescifrable laberinto de actores judiciales. Entre ellos, numerosos abogados penalistas que cobran sus honorarios en dólares y por adelantado, y que “defienden” la libertad o el honor y el patrimonio de sus clientes, poniéndolos por debajo de su propia posición e intereses.

Muchos de estos abogados son corporativos entre ellos y frente a los jueces. No enfrentan la verdad con la decisión que amerita, sino que actúan de compromiso. Varios son permeables, incluso, a “entregar” a sus clientes a un mejor postor por dinero o por poder. Otros, ante las primeras llamadas de “apriete” de dueños de medios, desaparecen mágicamente de sus direcciones, teléfonos y mails. Alguno más, que ha hecho profesión de fe garantista y de activo defensor de los derechos de los acusados, opta por jugar el partido del lado de la falsedad, la mentira, la presión y el agravio, aunque conozca cabalmente la verdad. Sus opciones son los negocios o el dinero por sobre la verdad y la justicia. Esto, aunque duela y parezca incluso increíble, debe ser muy tenido en cuenta por cada ciudadano, si le tocase enfrentar alguna circunstancia adversa en el fuero penal.

La maraña de injusticia, intereses cruzados, poderes, connivencias, la ausencia del Estado de Derecho para defender a las personas, está siempre viva en la Argentina. Cada día. Por eso es necesario que todas las personas estén atentas, todo el tiempo.

Afortunadamente, en esta compleja batalla judicial hemos encontrado personas valientes, que no pudieron ser compradas ni cooptadas, a las que queremos agradecer. En primer lugar, al abogado penalista mendocino Carlos De Casas, quien estuvo desde el principio del caso aportando claridad jurídica, solidaridad y sabiduría. También a los abogados Joaquín Da Rocha, Raúl Munrabá, Martín Mellace y Jorge Sandro, que nos defendieron con escritos jurídicos de impecable factura. Agradecemos además a los doctores Alejandro Sánchez Kalbermatten y Domingo Montanaro por su conocimiento, soporte y coraje. Aunque su participación en el caso fue menor, también agradecemos al abogado penalista mendocino Carlos Varela Alvarez.

Agradecemos a las personas que trabajan con nosotros en las diversas empresas, que creyeron, y que no abandonaron el barco.

Agradecemos a los amigos personales que creyeron y confiaron en nosotros, e incluso sintieron dolor cuando todo parecía lo peor. Y fundamentalmente, a nuestros seres queridos, que soportaron un sufrimiento absolutamente injusto. También, y muy especialmente, a la persona que junto a quienes le acompañaron, nos permitieron en todo este tiempo que pudiésemos luchar por esclarecer la verdad.

Muchos de estas personas resistieron embates públicos o personales, “aprietes” y presiones políticas. A todos, muchas gracias. A dos de ellos, nuestro agradecimiento eterno.

(*) Propietarios de Publicidad Sarmiento.