Gioja compitió con Gioja y ganó.
Gioja, el otro, el hermano, no mostró nunca ninguna diferencia con la forma de gobernar que fue plebiscitada el domingo. Pero se motorizó en contra porque, esta vez, le tocaba a él.
José Luis, el ansioso gobernador, ya había prometido en su primera reelección que sería “la última vez”. Y no cumplió.
Había alentado la posibilidad de acompañar a Cristina Fernández de Kirchner como vicepresidente, y al parecer, no cuajó.
Pero usando sus métodos construye un relato del San Juan idílico desde un grupo de medios familiar.
Y sostiene el poder como un gran titiritero: pone y saca funcionarios a discreción, pero también maneja a aquellos que deberían responder al voto popular, como, por ejemplo, el intendente de la Ciudad Capital de su provincia.
Un síntoma de descomposición de la democracia es que se ha vuelto una cuestión común cambiar las reglas de juego desde el poder y sobre la marcha. Pasó con los candidatos testimoniales en la provincia de Buenos Aires y pasa ahora en San Juan, en donde José Luis Gioja decide forzar su re reelección para “aprovechar los años de vida que tiene”.
Por ello, no sirve como excusa el argumento del voto popular. En todas las provincias donde han crecido estos sistemas feudales, (en su mayoría, provincias pequeñas, con un Estado enorme), el uso del clientelismo es escandaloso y el dominio del aparato estatal, asfixiante.
Los empleados públicos votan porque los “aprietan” y les hacen temer por la pérdida de su trabajo.
Los pobres son presionados a votar por algún beneficio o la promesa de un beneficio futuro.
Los empresarios hacen negocios y callan.
Es prácticamente imposible desarrollar actividades económicas, culturales, sin el permiso de estos jeques pseudo democráticos, que todo lo pueden y todo lo deciden y en donde, también, las legislaturas, la justicia y los medios comunicación quedan cooptados por este poder populista.
Lo que está pasando en San Juan es una luz de alerta. ¿Imaginamos los mendocinos a los hermanos de Celso Jaque o Julio Cobos peleándole la gobernación y “jugando” a la democracia en la mesa familiar del domingo?
La definición de las reglas de juego en las democracias abiertas, debe ser totalmente diferenciada de los intereses momentáneos de un gobernante por más exitoso que sea.
¿Una sociedad podría votar una Constitución con reelección indefinida? Seguramente sí, si la mayoría cree que es bueno como opción, no debería nunca ser aplicado al gobernante que en ese momento está en el poder.
San Juan: el nacimiento de un feudo
No es democracia que dos hermanos se peleen públicamente por la alternancia familiar en el poder y acarreen al pueblo a las urnas para dirimir lo que no lograron definir en la mesa del domingo. El voto popular, manipulado de acuerdo a los propios intereses, es una señal de alerta que debemos tener en cuenta.