El interesado giro de Carlos Menem

La camaleónica postura del ex presidente es una muestra más de la degradación de gran parte de la clase política argentina. La década del 90 fue demonizada por el kirchnerismo y criticadas cada una de sus políticas públicas.

La confrontación entre Carlos Menem y Néstor Kirchner comenzó en mayo de 2003, cuando el ex presidente renunció a participar en el ballottage sin respetar las reglas constitucionales que él mismo había promovido, y dejó a su contrincante Kirchner con sólo el 22 por ciento de los votos de adhesión ciudadana. La confrontación fue peligrosa para la salud de la República.

La década del 90 fue demonizada por el kirchnerismo y criticadas cada una de sus políticas públicas. Los permanentes ataques verbales y la humillación y marginación que sufrió Menem derivaron en respuestas categóricas y de igual tenor por parte de éste, quien llegó a afirmar: "Kirchner es un populista común y silvestre"; "Va a terminar en un neuropsiquiátrico. Está totalmente pirado"; "Es un mitómano y un ordinario absoluto".

El odio que parecía profesarle era tan grande que, en 2008, un Menem muy enfermo juntó fuerzas para concurrir al Congreso y votar contra la famosa resolución 125 que promovía el Gobierno.

Sólo en un escenario de ciencia ficción cabía la posibilidad de atenuar la rivalidad entre ambas facciones.

En los primeros meses de 2010, despertaron alarma algunas ausencias de Carlos Menem a votaciones clave en la Cámara alta. El debate del proyecto por la modificación de la ley de cheques y el pliego de la presidenta del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, entre otros, quedaron paralizados por la inacción de Menem, senador por La Rioja, lo que impidió que el arco opositor que integraba alcanzara los 37 senadores necesarios para sesionar.

Aunque en el círculo íntimo del ex presidente se señalaba que eran sólo especulaciones malintencionadas de cierta prensa, la conmoción en el PJ disidente y en la población en general era enorme: el otrora innombrable era ahora, por acción u omisión, un aliado fundamental del oficialista Frente para la Victoria y su denominado proyecto nacional y popular.

El apoyo explícito de Menem a la reelección del actual gobernador riojano y kirchnerista Luis Beder Herrera para los comicios del próximo 29 del corriente mes disipó cualquier duda al respecto. El partido fundado por Menem, Lealtad y Dignidad, irá como una de las colectoras del gobernador y compartirán la misma boleta.

Hace pocos días, y en línea con su asombrosa metamorfosis, el dirigente nacido en Anillaco fue muy elogioso con la actual mandataria, al afirmar: "A Cristina no hay con qué darle en esta elección. (...) la oposición actual no existe porque está muy disgregada".

En una confusión mayúscula de los roles que se deben desempeñar en una democracia y a contramano de sus presuntas ubicaciones ideológicas, Menem traccionará votos para el partido gobernante, de forma tal que sus denostadas políticas neoliberales y conservadoras comulgarán con el supuesto progresismo del oficialismo. Sin lugar a dudas, un cóctel difícil de digerir para propios y para extraños.

Resulta injustificable el repudiable accionar de Menem, como también el silencio cómplice de nuestra Presidenta, que permite alianzas de tan baja estatura en su partido.

No caben dudas de que más allá de sus diferencias (algunas cosméticas) a ambos los une la misma ambición por el poder, utilizado como herramienta para ampliar proyectos personales, conservar beneficios adquiridos, obtener inmunidad parlamentaria o detener avances de causas judiciales. Recordemos que se van sumando los juicios orales que deberá enfrentar el ex presidente, investigado en diversos casos de corrupción, además del juicio en marcha en el que se lo juzga por el contrabando de armas del Ejército a Croacia y a Ecuador.

Esos comportamientos defraudan a sus seguidores y dejan sin respuesta a un electorado ávido de confiar en algún dirigente serio y creíble que le devuelva la esperanza en un país rico en recursos humanos y naturales, pero empecinado en dilapidar oportunidades históricas. El mensaje que se transmite desde las más altas esferas es muy nocivo para toda la sociedad cuando el ejercicio del poder deja de ser un servicio a la comunidad.

Conductas como las del ex presidente y actual senador por La Rioja, carentes de escrúpulos, ética y valores, explican en buena medida el desprestigio y el rechazo que la gran mayoría de la población siente por la dirigencia política de nuestro país.

Fuente La Nación