Dos mendocinos acaban de acaparar la atención nacional: los dos, por desandar su camino, por renunciar a sus proyectos. Ernesto Sanz y Julio Cobos son dos comprovincianos que quieren ser presidentes pero que no pueden. Abandonaron, tiraron la toalla aunque prometen que no están vencidos… No son los únicos créditos locales que han llegado al escenario nacional y ocasionado revuelo alrededor de sus nombres, cual participante de Gran Hermano que se va y promete encender el ventilador en el programa de Rial.
“La escuela mendocina”, le llamó Roberto Dromi en una entrevista publicada la semana pasada en la revista Noticias a la producción de funcionarios nacionales desde estas tierras y mencionó como un paradigma de ella al multioperador justicialista Juan Carlos Mazzón.
Si algo los une, eso es “el pragmatismo”, según el rivadaviense que supo ser intendente de la Capital durante la dictadura, ministro de Obras Públicas de Menem y asesor, ahora, de Clarín, De Vido y hasta consejero de Sanz y el cardenal Bergoglio.
Mazzón gestionó en el IPV local y lideró la Lista Verde del PJ vernáculo y luchó a brazo partido con José Octavio Bordón, a quien, antes de surgir como figura política local –a pesar de su origen santafesino- hasta lo venció.
Y es hoy uno de los pocos “embajadores” que sobreviven a las tempestades.
No le pasó eso a Bordón, a quien se lo conoce como mendocino. Fue gobernador, “casi presidente”, senador nacional y luego, con Kirchner, embajador en los Estados Unidos. Convertido en un intelectual de consulta a nivel internacional, conoció el éxito y el fracaso.
“Conociendo la tranquilidad mendocina, no es extraño que haya tantos que van a hacer quilombo a Buenos Aires, a sacarse las ganas contenidas”, dijo –en charla de amigos- un funcionario de Santa Fe que visitó la semana pasada Mendoza. Mencionó a varios: Mazzón, Bordón, Manzano…
- ¡Pero si Bordón te pertenece, es santafecino! –le respondió uno de los anfitriones.
- Ah, no lo sabía, mirá vos. Igual, nadie se enteró. Todos lo conocemos por “mendocino”.
Manzano, mencionado por el visitante en su charla, es otro de nuestros productos regionales de exportación. Joven médico, el gremio sanitario, aunque sí como autor de grandes cirugías políticas y financieras.
Antes de los 30 se transformó en un descollante líder del justicialismo en el Congreso de la Nación, durante la presidencia de Raúl Alfonsín. Hábil, precoz, el “Chupete” rápidamente ocupó la mayor cantidad de espacios posibles. Fue uno de los tres ministros mendocinos de Menem, junto con Dromi y Eduardo Bauzá. En la cartera de Interior manejó momentos cruciales de un gobierno al que “nadie votó”, negoció con la oposición y comenzó su ingreso pero contundente ingreso a la vida privada, en donde ahora se mueve asociado a otro mendocino que si bien no es político, se vanagloria de mover los hilos de esa actividad: Daniel Vila.
Durante los tiempos alfonsinistas, un mendocino fue intendente de Buenos Aires: Facundo Suárez Lastra, “Facundito”, pero no lo votó el pueblo, sino que lo eligió el presidente. Fue antes de que se declarara la autonomía de la Capital Federal.
Mencionamos a Bauzá, “El flaco”, el “Fideo”. Tal vez, la persona a la que más confianza le tuvo Carlos Menem. Fue funcionario del riojano desde los tiempos en que lucía patillas y lideraba los llanos de La Rioja. Fue salpicado con el caso del otorgamiento del pasaporte trucho al traficante de armas sirio Monzer Al Kassar y recordado por la compra de lo que se recuerda como “los guardapolvos de Bauzá”, cuando el diario Página/12 le dedicaba sus reconocidas portadas, ingeniosas y contundentes. Eran tiempos en los que ejercía el rol de periodismo independiente, lejos, muy lejos de su presente de vocero oficial.
Antes que Cobos y Sanz lograran repercusión nacional, la tuvieron otros dos dirigentes locales y fue durante un gobierno que ellos dos votaron: el de la Alianza, con Fernando de la Rúa como presidente. Hablamos de José Genoud y Alberto Flamarique. El primero, fue senador nacional desde 1985 y 15 años después se transformaba en Presidente Provisional del Senado. Con la renuncia del Chacho Álvarez a la vicepresidencia, se quedó él mismo como vice, aunque vice de algo que se caía a pedazos. Y Chacho renunció supuestamente asqueado por las coimas que De la Rúa, por intermedio de Flamarique, había pagado a los senadores para sacar una ley de reforma laboral. El maletero que cargó el dinero fue la persona más cercana de Genoud, un tal Pontaquarto.
Flamarique se volvió a Mendoza, sumando un desprestigio que desplazó de la política a su impetuosa esposa, Cristina Zuccardi. Genoud se suicidó años después de abandonar el Senado.
Rodolfo Gabrielli fue parte de numerosos equipos de gobiernos peronistas luego de ser gobernador. Pero fue Adolfo Rodríguez Saá quien le dio el mayor protagonismo al nombrarlo ministro del Interior de su revolucionaria semana de gobierno. El país estaba anárquico tras el paseo en helicóptero de De la Rúa y al “Rolo” le tocó buscar hasta la lana necesaria para tejer alguna construcción política capaz de sostener la institucionalidad. Siguió en el cargo durante el interinato de Duhalde.
Con Kirchner, pocos mendocinos pasaron al frente a pesar de que muchos se vendieron como sus “amigos desde la época de Santa Cruz”, como son los casos de Carlos Ciurca, Alfredo “Freddy” Fernández y Carlos Abihaggle. El segundo tuvo un conchabo menor y el tercero, fue embajador en Chile: no hubo sobresaltos. Pero los mendocinos a los que Kirchner hizo pasar al frente fueron, curiosamente. Roberto Dromi y Julio Cobos.
Mario de Casas fue presidente de la UCR local y autor de documentos enjundiosos que refundaron el partido en tiempos difíciles. Cuando se armó la Concertación, fue el cerebro de los radicales K. Pero el amor tiene vencimiento, dicen los científicos: en cuanto Cobos “defeccionó”, como dicen, se quedó del otro lado y ahora es un funcionario principal de Julio De Vido y, seguramente, cranea documentos a favor de la continuidad del kirchnerismo.
Hubo muchos otros mendocinos con mayor o menor brillo, pero con menos incidencia nacional. Podríamos hablar del sindicalista petrolero Antonio Cassia, quien como legislador nacional fue un factor central en la venta de YPF y casi siempre desapercibido Hugo Bordín quien presidió la comisión legislativa que mandó el despacho final a favor de la de privatización de la petrolera.
También es oportuno recordar a Juan Horacio González Gaviola, aliancista primero y kirchnerista ahora, cuñado de Bordón, pero siempre cerca del poder. Marita Perceval está siempre por ser ministra: íntima de Cristina, fue negada por Néstor. Cuando él no estuvo más creyó que le tocaba, pero le dieron roles secundarios en el poder central. Su rol destacado lo desempeñó en el Congreso, como senadora nacional, en un caso similar al de otra mendocina de hierro para el peronismo: la tunuyanina Patricia Fadel, pieza clave de Mazzón a nivel parlamentario.
Pero es un mendocino que nada tiene que ver con la política –o al menos, públicamente- el que sale hoy en las revistas. Oscar González Oro, el locutor que no lo es y que tiene embaucado a medio mundo, es acusado de fraguar una quiebra ocultando bienes y ganancias. Sí, es mendocino.
Seguramente hubo muchos mendocinos de lujo que nos representan o representaron muy bien como embajadores desde su actividad pública o privada, artística, empresarial, cultural o política (mandanos una lista a los comentarios, y la publicamos). Pero la verdad, es que en todo el país somos objeto de bromas no muy graciosas en torno a nuestro aporte humano a la República.
En fin, como decían nuestras abuelas, “es lo que hay”.