Empujado por una realidad preocupante y que crece a diario en la opinión pública, y cuando sólo faltan siete meses para las próximas elecciones presidenciales, el gobierno nacional ha decidido colocar la seguridad a la cabeza de un orden de prioridades por resolver.
Lo mismo parece ocurrir en la sede del gobierno porteño, donde, también preocupados por frenar el delito, siguen sumando más policías metropolitanos a sus filas (hasta ahora son 1800), además de incorporar un importante equipamiento.
Parece que ambos gobiernos se han lanzado a una curiosa competencia en la que desean que sus policías "sean vistas" en las calles porteñas, cuestión que no siempre ocurre. Lo bueno de esta singular "carrera" es que podría terminar por favorecer a los porteños inseguros.
En los últimos años, estas decisiones de la Casa Rosada no siempre han surgido como producto de políticas públicas de seguridad de largo aliento. Hoy, la ministra Nilda Garré, dicen en su entorno, no está dispuesta a pagar los costos políticos de la imprevisión.