La política líquida

Sólo dos estructuras políticas subsisten después de la implosión de comienzos de milenio. La Unión Cívica Radical, como remarcan sus dirigentes, es el único partido estructurado y con presencia en todos los distritos. El kirchnerismo es un partido "estatal" en permanente estado de cambio.

Según el controvertido filósofo polaco Sygmunt Bauman, en la "modernidad líquida" las identidades son semejantes a una costra volcánica que se endurece, vuelve a fundirse y cambia constantemente de forma. En su planteo, las identidades parecen estables desde un punto de vista externo pero, al ser miradas por el propio sujeto, la fragilidad y el desgarro constante se vuelven evidentes.

Esta postulación cobra vida en la actualidad política de la Argentina que, forzando apenas a Bauman, nos muestra las mutaciones adaptativas de una decena de candidatos que pugnan por hacerse un lugar en la grilla electoral.

En realidad, sólo dos estructuras políticas subsisten después de la implosión de comienzos de milenio. La Unión Cívica Radical, como remarcan sus dirigentes, es el único partido estructurado y con presencia en todos los distritos. El kirchnerismo es un partido "estatal" en permanente estado de cambio, siguiendo con la imagen de Bauman.

Estos dos agrupamientos son los únicos en pie para encarar una campaña electoral nacional. El segundo con recursos económicos casi ilimitados y una candidata "in péctore" que sólo espera el mejor momento para lanzarse. Y la UCR, con un candidato oficial pero con otros dirigentes dedicados a sellar alianzas hasta donde se pueda, tratando de evitar que el partido se quiebre.

Esta semana ha sido pródiga en realineamientos, algunos públicos y muchos otros, privados. Fernando "Pino" Solanas definió que competirá por la jefatura de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. ¿A qué se debió el cambio de escenario? A varios factores: en primer lugar, tal como señaló su dolido ladero, Claudio Lozano, "Pino" nunca llegó a medir a nivel nacional como él esperaba. La postulación se producirá el lunes próximo y la incógnita ahora es quién será el candidato nacional al que suscribirá Proyecto Sur. Solanas ha sido explícito al respecto: quiere que el gobernador de Santa Fe, el socialista Hermes Binner, se lance como candidato a Presidente para seguirlo en la Ciudad; y que Margarita Stolbizer sea la postulante a la gobernación bonaerense por esa coalición progresista.

Esta "alianza chica" es consistente desde el punto de visto ideológico, pero difícilmente sea competitiva como para llegar segunda en la primera vuelta detrás del kirchnerismo y, tanto o más importante todavía, para forzar a una segunda vuelta.

La "alianza grande" debería tener a Ricardo Alfonsín como candidato presidencial y a Binner como vice, pero no contendría a Proyecto Sur y tampoco a Stolbizer si avanza con un acuerdo con el Peronismo Federal. ¿Cuál Peronismo Federal? El de Francisco de Narváez en el distrito bonaerense, que se cansó de esperar a Mauricio Macri y percibe que el "paraguas" de Alfonsín le garantiza una mayor tracción de votos que el proveniente del resultado de la increíble interna entre Eduardo Duhalde y Alberto Rodríguez Saá.

Surfeando las olas de la política marítima, Felipe Solá especula con avanzar en un armado con el radicalismo de Alfonsín, pero tiene claro que con Daniel Scioli, De Narváez y Stolbizer casi no queda lugar en ese tranvía llamado deseo (ser gobernador bonaerense).

La situación de Macri fue evolucionando hasta el punto de que hoy existe un 90% de posibilidades de que se baje de su candidatura presidencial. Se vería obligado a hacerlo, entre otras razones, porque el PRO amenaza con implosionar si fuerza una definición de consenso entre Horacio Rodríguez Larreta y Gabriela Michetti. El primero, que tenía todo para perder si se quedaba con el "premio" de la candidatura, sería destrozado por "Pino" e, incluso, hasta por Filmus. La diputada y presidenta del PRO en la Capital no iría a ningún lado si Macri optara por su jefe de Gabinete, pero la relación entre ellos no tendría retorno.

El jefe de Gobierno porteño iría por su reelección con un electorado que, de diez, repartiría cuatro votos para Macri, tres para "Pino" y dos para Daniel Filmus, según una encuesta realizada entre el 11 y el 18 de abril por un profesional contratado por el kirchnerismo. Si estos datos son ciertos, Macri debería jugarse a todo o nada a ganar en primera vuelta, aunque no queda claro que todos los votos de "Pino" y Filmus vayan a caer en la misma bolsa en un segundo capítulo.

Si debemos darle un párrafo a Lilita Carrió, diremos que su visión sobre la caída de todos y cada uno de los candidatos no la deja a ella sola frente a un electorado exánime. Una vez más, quienes deseen hacer sentir su rechazo a la clase política tendrán en ella una opción antes que votar en blanco o invalidar el sufragio.

Si en la "externa" el oficialismo parece encaminarse hacia un triunfo sin obstáculos en primera vuelta, tal sensación parece haber acelerado las disputas internas, que en un agrupamiento culturalmente peronista no tienen ni un desarrollo ni un final predecibles.

El próximo viernes, "la mayor demostración sindical de la historia", según su convocante, Hugo Moyano, se desarrollará en la porteña Avenida 9 de Julio. El sindicalismo que lo reconoce como líder aspira a reunir medio millón de trabajadores. (Para ser justos con la historia, debemos recordar que la CGT celebró el "cabildo abierto" del 22 de agosto de 1951 en ese mismo lugar. Y que las crónicas de la época apuntaron que aquel día, el día del renunciamiento a su candidatura por parte de Evita, más de un millón de personas llenaron el paseo público. Y la población era la mitad de la actual).

Pero, más allá de consideraciones históricas, la convocatoria de Moyano no tiene otro fin que el de presionar a Cristina Kirchner para que "abra" las listas en todos los distritos donde el moyanismo, una nueva y poderosa línea interna del peronismo, esté en condiciones de ofrecer candidatos.

Los dirigentes más lúcidos que tiene Moyano a su alrededor tienen en claro que, el primer día de un nuevo gobierno de Cristina, amanecerá con una declarada guerra interna por la sucesión.

La lista es interminable, pero hay algunos que son obvios: Moyano, Scioli, Urtubey, Massa, Gioja. Para evitar un tan temprano "síndrome del pato cojo" es que algunos ultrakirchneristas como Diana Conti plantearon la "eternidad" de CFK. Una reforma a la Constitución Nacional para permitir un nuevo período –o varios- se basaría en el hecho de que la carta magna santacruceña es una de las tres que permite la sucesión ininterrumpida de mandatos. Es cierto, pero –a riesgo de que el kirchnerismo nos desmienta- es improbable que algo así suceda. Ya falló con Carlos Menem en 1999.

Moyano, según sus intérpretes, solo quiere "su parte" de la "torta política" que ayudó a amasar. "No es justo que hayamos sostenido el modelo como lo hemos hecho desde el 2003 y que, ahora, se queden con todo los pendejos de 'La Cámpora'", exageró ante este columnista una de las varias manos derechas del líder de la CGT.

"La Cámpora", lo hemos escrito, es una estructura que no deja de crecer pero cuyo directorio está integrado por profesionales jóvenes y heterodoxos. Axel Kiciloff, prácticamente ahora el "númen" de ese grupo, es uno de sus más lúcidos integrantes. Pero hay media docena de dirigentes –o directivos, según sus críticos- en ese nivel y es interesante ver cómo, con interés, se busca convertirlos en las nuevas "bestias negras" del kirchnerismo.

Cuando se lee que algunos editorialistas casi recuerdan con cariño a Néstor Kirchner –al fin y al cabo, un hombre "previsible", un buen "administrador", señalan- cualquier representante vivo del hábitat kirchnerista es un duro enemigo a vencer.

La interna del kirchnerismo promete muchos e interesantes nuevos capítulos. El que viene parece menor pero no lo es. La Presidente promovió al ministro de Agricultura, Julián Domínguez, como candidato a vicegobernador de Scioli. Los carteles poblaron las paredes de la Capital y el Conurbano cuando, hace dos semanas, se preparaba un acto en el Luna Park de una nueva agrupación, CANPO, la Corriente Agraria Nacional y Popular. Domínguez mantiene una buena relación con los dirigentes intermedios bonaerenses. Ese segundo lugar en la fórmula es apetecido por varios, entre ellos, por el propio Moyano.

Scioli no perdió el tiempo y salió a cruzarlo a Domínguez (y, a través de él, a Cristina). "No es una cuestión de elegir una fórmula para una elección sino para gobernar", apuntó el siempre medido gobernador bonaerense. "Por respeto a mi vicegobernador Alberto Balestrini, y por la lucha que está dando por su recuperación, no voy a hacer especulaciones sobre este tema", añadió, pero rápidamente aclaró: "Quien en definitiva yo elija para que me acompañe, en el caso de que se avance definitivamente de esta manera en el escenario electoral, debe ser alguien absolutamente convencido, comprometido con estos cambios".

Una aclaración posterior nos indicó que Scioli aludía a "los cambios" que su gestión impulsó en la provincia de Buenos Aires. No a la "revolución copernicana" que encarna CFK a nivel nacional.


* Director de gacetamercantil.com