Otro capitalismo salvaje

Las candidaturas de Cobos y Sanz se diluyeron, Duhalde irá por un partido vecinal y Macri no sabe cómo salir de su laberinto. Por su lado, el Gobierno se lanzó sobre otro "enemigo", Techint/Clarín, al que corre por derecha con un manual básico de liberalismo económico.

Sí, es descabellado. Y significaría un problema con un "efecto dominó" en la oposición. A Mauricio Macri le preguntaron ayer martes si era posible que su sucesión en la Ciudad fuera una fórmula entre Gabriela Michetti y Horacio Rodríguez Larreta. "No, no es descabellado", contestó el jefe de Gobierno porteño y líder nacional del PRO.

¿Por qué lo hizo, si sabe de boca de Michetti que eso no es posible? La propia legisladora nacional exhibe en este punto una contradicción: en una columna que publicó esta semana lanacion.com, la ex vicejefe de Gobierno se preguntó cómo era posible que hubiera dirigentes de la oposición que pusieran como límite a Macri. Y ella puso como límite a Rodríguez Larreta.

Podrá decirse que no es lo mismo, pero los matices se diluyen cuando se sale de una habitación donde tres o cuatro definen el futuro de muchos. La gente no entiende muy bien las diferencias de circunstancias: ve que la pelea entre la dirigencia es una constante y siempre por parcelas de poder, por intereses mezquinos.

En este punto habrá que reconocer que Rodríguez Larreta ganó la pulseada al conseguir que pese más el manejo espurio por sobre la política de cara a la sociedad, que representa Michetti. En una batalla en el barro, ni el público se salva de salir manchado.

La actitud de Macri no llama la atención. Un hombre que nunca logró "matar al padre", en términos psicoanalíticos, necesariamente termina siendo un irresoluto. El jefe de Gobierno porteño siempre espera que el tiempo resuelva los conflictos. Tener que decidirse entre Michetti y Larreta puso al líder del PRO ante un dilema sin solución, casi como todo dilema: él siempre esperó que la fórmula fuera una fusión entre el equipo de gestión que reporta a Larreta –equipo que Macri reivindicó como propio-, y los hombres y mujeres que siguen a Michetti, con los que debería “completarse” un futuro gobierno.

Pero la solución se tornó imposible porque Larreta quería todo. Y aunque fuera una estrategia de negociación, la postura del jefe de Gabinete porteño puso a la diputada frente al abismo. Y a todo el PRO al lado de ella.

Si Rodríguez Larreta quedara como candidato único del macrismo en la Ciudad, Fernando "Pino" Solanas terminaría por convencerse de que casi sin esfuerzo puede llegar a la jefatura de Gobierno porteño en las elecciones de junio. La certeza de una derrota en la Ciudad podría obligar a Macri a "bajar", algo que hace semanas era impensable. Y le quitaría a la oposición el único candidato con posibilidades –pocas- de llegar a una segunda vuelta en la elección nacional.

La oposición se encuentra dividida en dos, pero de manera vertical. Ernesto Sanz y Eduardo Duhalde, ya se ha dicho, tienen mucho en común. Lo mismo ocurre con Ricardo Alfonsín y Hermes Binner. Por derecha y por izquierda, la oferta electoral irá dividida a octubre y no es posible descartar algunos frentes poco ortodoxos en las internas abiertas, obligatorias y simultáneas del 14 de agosto.

En cuanto al kirchnerismo, la última "batalla" lo enfrenta con el dúo Techint/Clarín. Ayer, martes, el CEO de Siderar, Daniel Novegil, forzó un "raid" radiofónico con los principales conductores de las AM en la mañana para explicar que era la ANSeS y no el directorio de Siderar la que se oponía a distribuir dividendos. La sobreactuación del ejecutivo dejó en claro que, tanto como a sus "primos" de Clarín, a los de Techint no les resulta cómodo quedar a la intemperie.

Más allá de cualquier consideración legal, Techint es un grupo históricamente muy poderoso en la Argentina pero ni Paolo Rocca es lo mismo que su fallecido hermano Agostino, ni Luis Betnaza –hoy el principal lobbista del grupo- es Javier Tizado, la última gran espada que tuvo la familia en la Argentina. Tampoco el Grupo Clarín, un aliado tradicional de Techint, es el mismo de 2001.
Sobre estas comprobaciones navega el kirchnerismo que, desprolijo y con contradicciones, parece un felino mordiéndole los garrones a una bestia herida.

Ya 32 empresas de las 42 en las que la ANSeS tiene acciones aceptaron la incorporación de directores estatales.

La virulencia de la disputa con Siderar/Techint tiene que ver con la caja, más allá de que la ofensiva encarne también –en buena medida- una venganza de Cristina hacia Rocca, quien había labrado una fluída relación con Néstor Kirchner que a finales de 2007 se quebró. Una estimación a mano alzada indica que el Ejecutivo podría recaudar entre 4.000 y 6.000 millones de pesos anuales en dividendos de estas compañías, lo cual produciría dos efectos simultáneos: el Gobierno haría dinero y lo haría a costa de los accionistas privados. Si éstos se llaman Herrera de Noble, Magnetto o Rocca, todavía mejor.

Ca'uno es ca'uno. Pero cada compañía es un mundo. No es lo mismo tener una participación accionaria en Molinos que en el Grupo Clarín. Para algunos analistas la nueva norma no cambia nada: ninguno de los accionistas mayoritarios pierde uno solo de sus derechos si los minoritarios se sientan en la mesa de directorio. Eso, formalmente. Porque el nivel de nerviosismo que evidencian muchos de ellos muestra que a ninguno le gusta la idea de que un burócrata K desayune con ellos en bata.

Ahora bien, que el kirchnerismo instale tres directores en Siderar o dos en Clarín puede ser el comienzo de una guerra de guerrillas entre el Gobierno y esos grupos, hace tiempo en la mira de la Administración Kirchner, lo que haría muy difícil el día a día. Basta ver lo que sucede en Papel Prensa.

"Hay empresas en las que se designaron directores de la ANSeS y no pasó nada. Incluso, más. Si esas compañías tienen negocios con el Estado, es mejor para ellas porque tienen al lobbista adentro. Y hay otras en las que abrirles el paso puede ser la antesala de una serie de problemas que todavía desconocemos", explicó una fuente empresaria.
Sobre la incapacidad política de los empresarios para explicar por qué su “no” a los directores estatales o sobre la imposibilidad de hacerlo porque no quieren mostrar sus "trapos sucios", cabalga la ofensiva del oficialismo.

Diego Bossio, director ejecutivo de la ANSeS, metió el bisturí en esa herida. Lo que el funcionario le cuestiona a Siderar es que no diga "cómo se distribuyeron los 6.400 millones de pesos acumulados en los años anteriores".

La frase fue dicha en una rueda de prensa en la que Bossio se presentó con el belicoso ministro de Economía, Amado Boudou, quien en una aparente "boutade" confundió a Techint con Clarín, aunque de inmediato aprovechó y remató, entre risas: "Pero Clarín y Techint trabajan en tándem".

En declaraciones posteriores, Boudou terminó de construir la tesis del Gobierno. "Es un verdadero papelón el que está haciendo el Grupo Techint", se quejó. Para el ministro y precandidato oficialista a jefe de Gobierno porteño, el "foco" del conflicto es "la discusión del derecho que tiene un accionista a participar en el directorio de una empresa". Capìtulo 1 del Manual de Capitalismo Básico.

Para otro análisis quedará el perfil de uno de los directores del Estado designados en Siderar, pero digamos por ahora que el currículum de Axel Kicillof puso los pelos de punta a cierto establishment, como si sus antecedentes ideológicos pudieran poner en guardia a Rocca. En realidad, Kicillof puede ser peligroso no por razones polìticas sino porque sabe cómo controlar, como minoritaro, a un socio mayoritario al que ni se le pasaba por la cabeza la situación de explicar nada a nadie. Y menos al Gobierno.

La próxima semana se celebrarán las asambleas en el Banco Macro, en Consultatio y en el Grupo Financiero Galicia. La ANSeS tiene el 30,9 % de acciones en el primero, 26,6% en el segundo y 8,76% en el tercero. Seguramente designe directores en el banco de Jorge Brito y en la inversora de Eduardo Costantini, pero no parece que pueda hacerlo en el Galicia porque tiene menos porcentaje que varios accionistas minoritarios. Así funciona el sistema para aquellos que se dicen asustados por el "avance" del Gobierno.

Mientras tanto, la cúpula de "Clarín" está sintiendo el desgaste de la ofensiva en todos los frentes que le planteó el Ejecutivo.

Con Cristina Kirchner otros cuatro años en el poder, la conducción del Grupo tomó otro camino. Héctor Magnetto tradujo la nueva lectura política a sus principales colaboradores, incluso a algunos que no llegarán a fin de año en sus puestos. "Nos esperan cuatro años más de resistencia", afirmó, buscando galvanizar a su alrededor a la golpeada tropa. No parece que le hayan creído.

La versión de que el conglomerado le busca un comprador a CableVisión y Multicanal, que circuló insistentemente a comienzos del año pasado, se reactivó en las últimas semanas. En rigor, se relaciona con algunas declaraciones de directivos del Grupo ante inversores privados. La nueva versión, más pulida, indica que Clarín estaría buscándole un dueño "amigable" a cerca de un millón de clientes de esa compañía de TV por cable, lo que en los hechos significaría volver atrás la fusión entre las dos principales compañías, ocurrida de hecho en 2006 y cuestionada por el Ejecutivo a través de distintos trámites administrativos desde 2008, una vez que se desató la "guerra" del kirchnerismo contra el campo.

 *Director de gacetamercantil.com