La revista Noticias desarrolla un informe sobre el estado de salud de la presidenta, Cristina Fernández, tras esta semana, volver a mantenerse en reposo por prescripción médica.
Según el análisis de esta publicación, Cristina es una “hipotensa crónica”, pero el año pasado debió someterse a un tratamiento kinesiológico para desbloquear las cervicales por si ese era el obstáculo –la rigidez en la nuca– a un normal flujo sanguíneo. Entonces había sufrido una lipotimia después de una intensa sesión de gimnasia en aparatos. Desde la muerte de su marido, sus episodios de baja presión se suceden con mayor frecuencia, al menos los que trascienden en su entorno.
Los comentarios de pasillo más frecuentes entre sus colaboradores aluden precisamente a los mareos de Cristina Fernández. En enero de este año, sufrió al menos una caída de presión mientras tomaba unos días de descanso en Santa Cruz. En ese momento, no estaba sometida a una agenda apretada y tampoco parecía estar especialmente presionada, excepto por el devastador golpe psicológico causado por la muerte de su marido.
El diagnóstico secreto de Cristina
Los constantes cuadros de lipotimia preocupan a quienes están con ella. Se marea al acostarse y no puede dormir, lee mucho y se levanta muy temprano. Pero quienes la rodean sólo dicen "todo bien·.