La "farandulización" de la política

"La política puede no haber sido hecha para comediantes, pero tampoco para quienes su única vocación es servirse de nosotros", advierte el diario La Nación.

La política hace tiempo dejó de ser, al menos en la Argentina, esa empresa vocacional que reunía, más allá de sus disidencias, a un grupo de personas dispuesto a meterse de lleno en la cosa pública para tratar de servir al país. No se requería arrastrar un pasado ilustre ni había que acreditar riqueza alguna a los efectos de integrarlo. Bastaba la resolución de zambullirse en aguas turbulentas, en donde muchas veces quedaba maltrecho el buen nombre y hasta el honor, con el objeto de gerenciar los asuntos de la República. La política daba lustre, pero, a cambio, demandaba a quienes se lanzaban al ruedo dedicación exclusiva.
En épocas seguramente más señeras que la presente, cuando éramos un ejemplo por imitar en el mundo, nuestra clase política se correspondía bien con la excelencia educativa, la movilidad social y la cultura del esfuerzo que hicieron grande a la Argentina. De la misma manera que, cuando dio comienzo la decadencia, la política se degradó y los políticos pasaron a ser considerados un conjunto de advenedizos, sólo interesados en quedar bien con el poderoso de turno e incrementar en forma desfachatada su patrimonio.

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