Como Herminio Iglesias, aquel mítico sindicalista que, queriendo lo contrario, contribuyó al triunfo de Alfonsín al quemar un cajón con el sello del radicalismo en el acto de cierre de la campaña del peronismo, los dirigentes moyanistas se hunden solos si los dejan hablar (también el líder de la CGT Azul y Blanca, Luis Barrionuevo, aquel de “tenemos que dejar de robar dos años”). Son lo contrario a Dios, que es voz y no imagen (por eso tantas religiones prohíben que se lo represente visualmente). Ellos son imágenes que, al ponerles voz, sólo con abrir la boca, se autodestruyen.
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