Misterios y negativas de ocasión

Como era de imaginarse, el periodista Eduardo Van der Kooy, en Clarín, no ahorra críticas para el discurso de la presidenta de la Nación en el Congreso nacional. Para él, si algún desprevenido la escuchaba hubiera pensado que hablaba de China o de Suiza.

Hubo en el discurso de Cristina Fernández, al inaugurar el período ordinario de sesiones, dos características nítidas : las repeticiones habituales, en especial cuando se empalaga hablando del ciclo kirchnerista; las novedades que significaron su incursión, rauda, en aspectos de la coyuntura política y electoral.

Al hacer el balance de estos años, cualquier desprevenido que hubiera estado escuchando a la Presidenta habría dudado si describía a la Argentina, aquejada por serios problemas sociales y de los otros, o a un territorio nuevo, tal vez una simbiosis de China con Suiza.

En ese derrotero, su tono resultó oscilante. Mechó algunas ráfagas dirigidas, quizás, a contentar a los sectores medios –sobre todo cuando criticó el salvajismo sindical– con otras que podrían ahuyentarla, como aquel maltrato innecesario a la oposición parlamentaria que derivó en el retiro del recinto del radical Ricardo Alfonsín. Su voz por momentos cordial se entreveró también con cierto mandoneo .

Cristina sorprendió, en cambio, cuando aludió a su propia candidatura para octubre y a la posibilidad de una reforma constitucional acicateada por talibanes K, si ella triunfara en las elecciones venideras.

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