La Aduana no controló el avión de los hermanos Juliá que despegó del aeropuerto de Ezeiza el 1° de enero y que 12 horas después aterrizó en Madrid con 944 kilos de cocaína.
Así lo confirmaron empleados de la Dirección General de Aduanas que ayer declararon como testigos ante el juez en lo penal económico Alejandro Catania, que investiga dónde se cargó la droga, informaron fuentes judiciales.
Según los testimonios, el jet de lujo, tripulado por Eduardo Juliá y Matías Miret y que llevaba como único pasajero a Gustavo Juliá, no fue revisado porque no pesaba sobre la aeronave ninguna alerta de fuerzas de seguridad argentinas.
Catania citó a 37 empleados de la Aduana que se desempeñan en los sectores administrativo y operativo en el aeropuerto internacional de Ezeiza y que trabajaron el día que despegó el Bombardier Challenger 604. Ya declararon 25 y mañana se completaría la nómina de testimoniales.
Los investigadores del caso intentan determinar ahora si fallaron los controles preventivos en el aeropuerto internacional de Ezeiza y por qué no se revisó la aeronave.
El avión de los hermanos Juliá estuvo en Ezeiza desde el 30 de diciembre hasta el 1° de enero pasados, cuando despegó a su destino final: España. Anteriormente, desde su llegada a la Argentina, el 6 de noviembre último, había estado estacionado en el aeródromo de Morón.
Hoy, justamente, se cumplen dos meses de la detención de Miret y los hermanos Juliá. La droga fue descubierta cuando el avión aterrizó en el aeropuerto El Prat, de Barcelona.
El personal de la Aduana que declaró como testigo explicó que no todos los aviones que aterrizan o despegan en Ezeiza son revisados. Sostuvieron que se manejan con un criterio de selectividad y que, en este caso en particular, "no había ningún elemento que hiciera sospechar", explicaron fuentes de la investigación.
Otro de los motivos que esgrimieron los testigos para explicar por qué no se revisó el avión de lujo fue porque no llevaba ninguna carga.
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