El santo patrono del kirchnerismo

Hay corrientes políticas cuyas utopías son retrospectivas, es decir, se localizan en el pasado. Es el caso del kirchnerismo, que viene postulando una aceptable edad de oro en los 49 días que van del 25 de mayo al 13 de julio de 1973. Son los del gobierno de Héctor J. Cámpora, presentado como el precursor de la experiencia que se abrió 30 años después, el 25 de mayo de 2003, con la llegada de Néstor Kirchner a la Casa Rosada.

Gracias a esa operación simbólica, Cámpora ha salido del olvido, ha ingresado en la actualidad. Los militantes más jóvenes del kirchnerismo lo adoptaron como su santo patrono. Y la Presidenta suele echarle incienso en celebraciones periódicas, como la de hoy, cuando se cumplen 38 años de las elecciones que lo llevaron al poder. Esos homenajes no suelen entrar en detalles. Suelen justificarse en la identificación absoluta de Cámpora con Juan Domingo Perón y en sus esfuerzos para que el General regresara del exilio. Para una muchedumbre juvenil, esa operación significó la primera aproximación a la política. Cristina Kirchner, que formaba parte de esa multitud, pretende exaltar en Cámpora aquel excitante bautismo.

La evocación oficial, si uno se atiene al contenido explícito de sus textos y discursos, no pasa de ese umbral. Sin embargo, muchos de aquellos jóvenes que se incorporaron a la vida pública a comienzos de los años 70, entendían que, en la estela de la revolución cubana o del experimento que lideraba Salvador Allende en Chile, la democracia recién estaría restaurada cuando se constituyera un régimen socialista. Una parte más pequeña, a la que perteneció la organización Montoneros, pretendió que ese objetivo sólo podía alcanzarse a través de la lucha armada. El sistema liberal-republicano, en cuyo centro se encuentra el ciudadano, debía quedar superado por un orden revolucionario que tiene por protagonista al militante. Si se relee Cámpora, el presidente que no fue , de Miguel Bonasso, se advertirá que para la izquierda peronista el gobierno que se inauguró en 1973 fue un intento frustrado de realizar ese proyecto. Sin embargo, es difícil encontrar en los Kirchner o en sus jóvenes seguidores una adhesión expresa a esta inflexión rupturista del apellido Cámpora.

Seguí leyendo desde aquí.