Comenzó ayer un nuevo sistema para obtener el pasaporte. Hay que pedir turno, hacer el trámite que, aseguran, lleva sólo un cuarto de hora y esperar quince días para que llegue por correo el nuevo documento. Es un progreso, si el sistema se mantiene, sobre el anterior que dependía de la Policía Federal y que insumía muchísimo más tiempo y complicaciones. Este adelanto que, insistimos, beneficia a todos los que precisan simplificar la gestión diaria, es presentado como una modernidad cuando debería ser algo normal en una sociedad en desarrollo.
Pero lo anormal es la regla . Quienes han viajado en avión el fin de semana largo han asumido como normal las demoras y cancelaciones de los vuelos. Las explicaciones han sido de ocasión: había demasiados vuelos por el prolongado feriado y los turnos de despegue o aterrizaje debían respetar un orden muy estricto. Nadie aclaró si persisten los inconvenientes por reclamos gremiales. En general, la conducta de los pasajeros fue ejemplar. Es que se ha creado una cultura de resignación : los que viajan en avión deben saber que están sometidos a la arbitrariedad. Seguí leyendo la opinión de Kirschbaum en Clarín haciendo clic aquí.