Simulación, el arte de los argentinos. Por la impostación, la falsedad. Los más científicos se amparan en una definición distinta: la simulación sirve como modelo de aplicación virtual sobre una realidad presunta, cuya experimentación final y multiplicada anticipa un comportamiento futuro.
Veamos si uno traslada este criterio a eventuales fenómenos electorales. Un ingeniero del rubro organizó lo siguiente para entretener a un candidato político. Por un lado, estableció un radio multisocial que se identificara con el gentío provincial, entre ellos una cantidad importante de encuestados, y les preguntaron si votaban por Scioli o Sabbatella.
Primer resultado: el progresista de Morón no le arranca más de 4% al gobernador, aunque ambos postularán a CFK como presidenta. Sin embargo, el ejercicio requería un adicional: a los mismos entrevistados se los invitó a un simulacro de cuarto oscuro donde se depositaron las boletas con los distintos candidatos de la elección en Buenos Aires, incluyendo a Scioli en su reelección y a Sabbatella como “colector”, ambos atados a la estrella de Cristina.
El saldo de la réplica fue diferente: el ex intendente trepaba al 20% de adhesiones. Para los analistas, este cambio de conducta obedece a la confusión, a la distracción de boletas con una misma candidata, no a la vergonzante actitud de celebrar en secreto lo que no se atina a manifestar en público.
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