Táctica y estrategia de la juventud K

Tienen entre 25 y 32 años, asomaron a la política grande tras la muerte de Néstor Kirchner y hoy, defensores a ultranza del modelo, empiezan a ocupar puestos clave en el Estado y en directorios de empresas con participación estatal. Aerolíneas, Canal 7, Aluar, son algunas de ellas. Quiénes son y a quiénes responden los jóvenes de la avanzada juvenil del kirchnerismo que hoy maneja presupestos millonarios.

Máximo Kirchner, líder de la Cámpora.
Máximo Kirchner, líder de la Cámpora.

Podríamos decir que nacieron en un funeral: el de Néstor Kirchner.

Porque fue después de esa muerte sorpresiva cuando los argentinos vimos, por primera vez y en toda su magnitud, a miles de jóvenes kirchneristas llorando a su líder. Entre ellos, los militantes de La Cámpora, la agrupación juvenil que había creado Máximo Kirchner a fines de 2003, en Santa Cruz, y ahora salía masivamente a la luz. Los mismos jóvenes que, en los últimos meses y habilitados por la propia Presidenta, saltaron desde los blogs y las calles al corazón de la real politik acumulando cargos clave en el Estado, ocupando directorios en empresas de primera línea y espacios en los medios masivos de televisión. En una palabra, creciendo en influencia y, sobre todo, controlando generosas porciones de la famosa caja K.

Es que, en estos meses sin Kirchner, el núcleo duro de la juventud K, cuyos integrantes tienen entre 25 y 32 años, logró acumular cocardas que hace rato perseguía: su propia "institucionalización", para decirlo en las palabras del grupo, lo que equivale a decir que la agrupación juvenil logró colocar a sus jóvenes dirigentes (o a los delfines de esos dirigentes) como representantes ante diversos factores de poder: el Ejecutivo, la Justicia, los medios y, quizá la mayor novedad, el mundo económico-empresarial.

Reconocen en Cristina a la única jefa política capaz de llevar adelante el "proyecto" (o el "modelo"), de allí que su meta de alta prioridad -y quizá la condición de su supervivencia- sea la reelección de la Presidenta, quien hoy les da vía libre para avanzar. Un apoyo poderoso, que despierta recelos dentro y fuera del Gobierno y que, además, convoca inevitables comparaciones históricas: ¿en qué se parece La Cámpora a la "juventud maravillosa" de los 70, de cuyo mentor, Héctor J Cámpora, tomó su nombre? ¿Son un revival, en versión light, de aquella efervesencia militante que en buena medida desembocó en Montoneros? O, más aquí en la historia: ¿tomaron algo de La Coordinadora alfonsinista? ¿Serán los "sushi" de De la Rúa? ¿O los "play station" progres, pero a los que les gusta vivir bien y con buenos sueldos del Estado, como chicanean los opositores lilitos's boys, los jóvenes que responden a Elisa Carrió?

Ellos, los de La Cámpora, por su parte, se definen como la única agrupación que logró seducir a muchos jóvenes desinteresados de la política, como no lo hizo ninguna otra agrupación juvenil de la oposición. La Cámpora sería hoy la nave insignia que guía a la distintas agrupaciones de la movilizada juventud K.

Sienten que, en el último acto de su vida, en el Luna Park, Néstor Kirchner les dejó dos mandatos: pelear del lado de los "buenos" y no aceptar "nunca menos", línea esta última que le dio letra al candombe de la propaganda oficialista, en el ciclo Fútbol para Todos. "Nunca menos" es un eslogan creado por La Cámpora, y tal como explica a Enfoques Federico Martelli, hoy director de Comunicación del Ministerio de Desarrollo Social, significa que "lo logrado en estos ocho años es un piso, no un techo, y que no podemos perder a manos de los ´enemigos´ del proyecto". Martelli fue parte de La Cámpora desde sus inicios y hoy milita en La Colina, agrupación que responde a Alicia Kirchner.

La categoría de "enemigos", por otra parte, incluye a todos los medios de comunicación que no se inscriben dentro del llamado "periodismo militante", de allí que ningún integrante de la plana mayor de La Cámpora haya aceptado una entrevista con LA NACION para esta nota, de la que son protagonistas. En eso también son hijos de Néstor Kirchner.

La herencia de Nestornauta

Hay una anécdota bien ilustrativa de la relación entre Kirchner y los dirigentes de La Cámpora que hoy lo homenajean, en su sitio de Internet (también tienen una revista), con dibujos del El Nestornauta, en alusión al héroe creado por Héctor Oesterheld, El Eternauta. Cuentan en la Rosada que un día, durante una reunión de la agrupación juvenil en la que los jóvenes presionaban por cargos, el ex presidente les dijo:

-Muchachos, yo estoy dispuesto a darles lo que ustedes se merecen cuando...

Su auditorio se detuvo, electrizado.

-...me traigan sus títulos universitarios, completó.


Estudiosa de la militancia revolucionaria de los setenta, la doctora en Ciencia Política por la Universidad de Notre Dame María Matilde Ollier analiza: "La generación de los 70 se entremezcló con una juventud contestataria global, que tenía la construcción del socialismo como un horizonte. Esa juventud de la revolución tenía como partner al hippismo, otra manera contestataria de vivir la vida. El proyecto revolucionario abarcaba la vida privada, pública y política de aquellos jóvenes y, consecuentes con eso, no vivían del estado argentino".

Desde la política, el economista y legislador Martín Hourest (hoy ensaya una alianza con Margarita Stolbizer, en la ciudad), que formó parte de la juventud en los ochenta, lo ve de otro modo: "Estos, en cambio, descubrieron la importancia del Estado para construir poder y forman parte de un modelo económico de matriz intervencionista. Ocupar cargos en el Estado y cobrar bien no me parece mal. Lo que me parece mal es que no existan controles sobre estos chicos cuando ejercen estos cargos con semejante poder de decisión".

Leé el artículo completo en La Nación.