No tiene otra vida más allá de la política y el poder . Esa es sólo una de las muchas explicaciones (tal vez la más humanamente sólida) que se escucharon en el oficialismo para explicar lo que es ya una evidencia: Cristina Kirchner ha decidido ser candidata a la reelección. Sus gestos, sus decisiones, el contenido de las reuniones con el pequeño grupo de íntimos que la rodea, sus fobias y sus escasos amores conducen a la misma conclusión. Un ministro, dos secretarios de Estado y varios legisladores kirchneristas confirmaron que la Presidenta tomó esa determinación en los últimos días. Ha decidido, también, liderar una fuerza política con el ala izquierda del kirchnerismo, alejada, hasta donde pueda, del peronismo histórico.
La otra novedad, que confirma la decisión presidencial, es que Daniel Scioli no será candidato presidencial. La candidata es ella , le confió el gobernador a su equipo. El argumento de Scioli consiste en que perdería el respeto de la gente si apareciera ahora enfrentado con una presidenta viuda, después de siete años de una alianza mutuamente incómoda con el kirchnerismo.
La tirantez no ha cesado, sin embargo, entre los bandos cristinista y sciolista. La mejor expresión de ese malestar fue precisamente el acto más pacífico del peronismo en los últimos tiempos: la inauguración de un megaestadio en La Plata. Reunieron a miles de peronistas para que ninguno de los dos, ni Cristina ni Scioli, dijera nada. Scioli no habla mucho desde las tribunas, pero la Presidenta no pierde oportunidad de decir sus inmortales verdades desde cualquier micrófono y por cadena nacional. Quizá no quiso ser hipócrita: no era el lugar para maltratar a Scioli y tampoco estaba dispuesta a elogiarlo.
¿Cuándo se hará el anuncio oficial? Lo único que podría plantear un cambio de la decisión actual sería un derrumbe de la Presidenta en las encuestas, pero no hay por ahora ningún indicio de que eso ocurrirá próximamente. Ella conserva un tercio, aproximadamente, de la intención de votos presidenciales. La pregunta que nadie puede responder es si eso significará un piso o un techo para su cosecha electoral. Aquel tercio la coloca en el primer lugar entre los candidatos presidenciales, aunque cuenta con el beneficio de que ella es la única candidata indiscutible en un universo político donde todavía nada se ha resuelto.
Razonablemente, la oposición está en medio de la travesía hacia la elección de candidatos presidenciales. Ninguno de los candidatos opositores logró todavía alzarse con la mayoría de la opinión antikirchnerista de la sociedad, pero eso llegará en algún momento. ¿Ejemplos? Francisco de Narváez en la provincia de Buenos Aires, en 2009, cuando se erigió en el referente antikirchnerista entre muchos candidatos notables, Ricardo Alfonsín entre ellos.
En una reciente reunión con encuestadores muy cercanos (y poco creíbles para el resto de la comunidad política), de la que participaron también un intelectual de Carta Abierta y un par de funcionarios de su total confianza, Cristina Kirchner decidió tender un puente directo con la sociedad. No quiere cerca a los gobernadores peronistas (con la clara excepción de la provincia de Buenos Aires) ni a los intendentes del conurbano. Aquellos encuestadores la convencieron de que ella está mejor en las provincias, según mediciones que le exhibieron, que la mayoría de los gobernadores peronistas. Ordenó entonces que desdoblaran las elecciones provinciales y la dejaran sola con la gente común en las presidenciales de octubre.
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La presidenta será candidata
Lo único que podría plantear un cambio de la decisión actual sería un derrumbe de la Presidenta en las encuestas, pero no hay por ahora ningún indicio de que eso ocurrirá próximamente. Ella conserva un tercio, aproximadamente, de la intención de votos presidenciales. La pregunta que nadie puede responder es si eso significará un piso o un techo para su cosecha electoral.