Después del luto y del impacto generalizado por la muerte de Néstor Kirchner, la presidenta Cristina Fernández parece estar gobernando a fuerza de golpes de efecto. Las evidencias sobran, pero en los últimos días se hicieron más notables. Aunque se trata de episodios muy distintos, el uso mediático del conflicto con el avión militar de Estados Unidos y los cuatro minutos del video de homenaje al ex presidente durante el Fútbol para Todos parecen dos movidas efectistas y de alto impacto en la opinión pública, más que políticas de Estado destinadas a perdurar.
Nadie puede discutir el derecho del gobierno nacional a revisar y comparar el inventario del contenido de ese avión e incluso de exigir la apertura de una valija cuyo contenido puede resultar, a priori , peligroso o sospechoso. Es obvio que Estados Unidos haría lo mismo con un avión militar argentino. Es probable también que, por su paranoica política contra el terrorismo internacional, los encargados de la seguridad del aeropuerto tratarían a los visitantes de una forma poco cortés y hasta prepotente. Incluso es factible que la decisión del canciller Héctor Timerman pueda caer muy simpática no sólo al núcleo duro que apoya al kirchnerismo sino también a los argentinos de clase media y media alta que alguna vez fueron maltratados y hasta humillados en los distintos aeropuertos de Estados Unidos. Sin embargo, parece excesivo y hasta irresponsable confundir una infracción aduanera con un asunto que pondría en juego "la soberanía nacional".