Alguna vez el veterano dirigente Jorge Pardal que en 2003 se jugó en una interna por llegar a ser candidato a gobernador dijo una frase concluyente, luego de perder esa chance a manos de Guillermo Amstutz: "Quise ser candidato pero la licuadora de la interna me llevó puesto".
Aquella sentencia del Mono Pardal, terminó siendo una señal de lo que significa la puja por los cargos en el peronismo. En ese momento gobernaba el radical Robero Iglesias. Aunque Pardal ya había tenido su intento provincial antes, en 1999 cuando el también justicialista Arturo Lafalla. A propósito, el gobernador Lafalla en aquel tiempo se preservó de mostrarse involucrado en ese proceso de codazos y rodillazos políticos.
La interna peronista forma parte del folclore de la vida partidaria pero todos los extremos son malos. Un partido sin vida interna es una célula muerta pero cuando se pasa a la hiperactividad entonces se pone a andar la mentada licuadora.
El punto que ahora desde el día posterior al triunfo electoral comenzó una escalada de posicionamientos internos y en que terminó envuelto el mismo Paco Pérez, sin quererlo. Los acontecimientos se precipitaron porque el peronismo se sentía afianzado en la acumulación de los votos cristinistas.
El exabrupto del vicegobernador electo Carlos Ciurca hacia San Juan y hacia José Luis Gioja dejó offside a Pérez que tuvo que pedirle disculpas al sanjuanino quien con actitud arrogante lo escuchó a Paco y lo redimió en tierra sanjuanina.
Luego la interna peronista se concentró en la pulseada entre los intendentes del Norte y el sector Azul que se sintió escaldado por el escandaloso caso de Irrigación con su presidente cuestionado Eduardo Frigerio como mascarón de proa.
El otro episodio fue el protagonismo de Ciurca en el debate por la adhesión a la ley de discapacidad donde se puso del lado de los familiares de discapacitados pero volvió a dejar descolocado a Pérez. Eso arrastró también a Marcelo Costa que como titular de la OSEP también quedó a contrapierna de la movida Ciurca.
La pulseada se acentuó con la resolución de la Junta Electoral que admitió los votos de las colectoras y con eso el peronismo perdió tres escaños en sendos Concejos de Guaymallén, Las Heras y Lavalle. Esto generó la reacción de los intendentes “territoriales”, el lasherino Rubén Miranda y el guaymallino Alejandro Abraham.
Así salió eyectada como apoderada partidaria la azul Miriam Gallardo quien no había defendido los intereses de los intendentes del Norte y avanzaron para pedirle la renuncia a Frigerio.
El capítulo siguiente fue la pelea por la presidencia de la Cámara de Diputados y allí embistió Fabián "Hache" Miranda, el hermano de Rubén contra el desguarecido azul Jorge Tanús.
La reacción de los azules no se hizo esperar y se recostaron en el poder territorial de los sanrafaelinos hermanos Félix dispuestos siempre a inclinar la balanza parta el lado que les convenga. De ese modo resistieron y contragolpearon. Así Gallardo y Tanús retuvieron sus cargos en las cámaras legislativas. La avanzada hizo sentir y siempre Paco Pérez quedó entrampado en el medio de la red peronista.
Y no es que no lo sepan. Ellos mismos dicen que hay que fortalecer al gobernador entrante. Y no es que no lo sepan, ellos mismos dicen que hay que dejarse de hacer internismos y que se tienen que ocupar de gobernar y que para eso la gente los votó.
Es decir, ellos saben, así lo expresan, que Mendoza necesita de un relanzamiento. Dicen que hay que hacer crecer la provincia hacia el futuro. Lo decimos todos, coincidimos, ese es el diagnóstico y es nuestra tarea.
No hay peor cosa que ver un enajenado mirarse al espejo y decirse a sí mismo como si fuera otro, lo que tiene qué hacer. Es un síntoma de esquizofrenia política en este caso.
Autor: Jorge Fernández Rojas, en Twitter @jfrojas