Los K me bocharon

Con humor, el columnista de La Nación Carlos Reymundo Roberts repasa la realidad política en una columna imperdible.

Foto: web
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Ya llevo dos meses en las filas del kirchnerismo y todavía no he podido disfrutar de las mieles del Paraíso.

No es fácil. Parece mentira que este gobierno, que va por la vida comprando voluntades -no por vocación, sino por necesidad-, a mí no me quiera ni gratis. "Sos demasiado liberal", me dicen. Yo argumento que no lo soy más que Amado Boudou o Ricardo Echegaray, pero no logro convencerlos.

Todo se me hace cuesta arriba. Aunque he puesto unas cuantas columnas al servicio de la Casa Rosada, no terminan de creerme. Los entiendo, porque parece que no hay día en que no se presente alguien (sobre todo, legisladores de la oposición) pidiendo el oro y el moro por su transferencia.

Eso sí, me resultó indigno haber sido sometido a un tribunal inquisidor, integrado por un miembro de La Cámpora, un intelectual de Carta Abierta y una madre de Plaza de Mayo. El interrogatorio duró dos horas y tuvo lugar en un lujoso dúplex de Puerto Madero, alquilado a un empresario amigo. Amigo de ellos. He aquí lo más saliente de ese examen.

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