El Cardenal Jorge Bergoglio perdió su guerra

La nueva ley es un paso más en la secularización de la vida institucional y política de esta nación que, en la segunda mitad del siglo XIX y ya embarcada en la etapa de la definitiva organización nacional, emprendió su constitución como Estado laico con la ley de matrimonio civil, sancionada durante el gobierno de Miguel Juárez Celman en 1888 a iniciativa del presidente anterior, Julio A. Roca.

Esta vez, en el tratamiento del proyecto de ley del gobierno nacional para posibilitar el matrimonio entre personas del mismo sexo, el conflicto no se dio entre el gobierno y la oposición política. Con la votación del Senado en la madrugada de anteayer triunfaron el oficialismo y las fuerzas políticas y sociales que lo acompañaron. La derrota fue de la jerarquía de la Iglesia Católica y, en particular, de su jefe, el cardenal Jorge Bergoglio, quien había definido el enfrentamiento como una "guerra de Dios". Es ésta la hora en que el Supremo Hacedor debe de estar reclamándole por haberlo metido en una guerra que se perdió.

La nueva ley, primera en un país de América Latina, es un paso más, un gran paso, en la secularización de la vida institucional y política de esta nación que, en la segunda mitad del siglo XIX y ya embarcada en la etapa de la definitiva organización nacional, emprendió su constitución como Estado laico con la ley de matrimonio civil, sancionada durante el gobierno de Miguel Juárez Celman en 1888 a iniciativa del presidente anterior, Julio A. Roca. De entonces a ahora, la secularización, no sin tropiezos, continuó avanzando. Conviene hacer un poco de historia para iluminar los acontecimientos de hoy.

Ya en 1885 las relaciones del primer gobierno roquista con la Iglesia se habían resentido seriamente a raíz de la sanción de la ley 1.420 –impulsada por Sarmiento– de enseñanza obligatoria, gratuita y laica, que con la escuela pública reemplazaba las escuelas parroquiales en la educación de la niñez.
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