¿Nosotros, que somos más buenos que el Quaker..?

El debate ya está entre nosotros. Justamente, entre nosotros, que tanto nos gusta no debatir. Justamente a nosotros que tanto nos gusta meternos en el closet, ropero o armario o lo que se le parezca, cuestión que nada se vea pero sin privarnos de hacerlo.

Es una rara interpretación de la vida privada. O mejor dicho de negar la realidad que se encuentra en cada recodo de Mendoza. Esas realidades que todos conocen pero no son públicas. Y sólo se habla de ellas en las cocinas de las casas cuando se comparte un mate o en una tertulia nocturna donde se permite abordarlo sin miedos. Y en esos ámbitos es donde se concluye que el mundo ha cambiado.

Como si nosotros estuviéramos fuera del mundo. Como si fuésemos cuáqueros, pero con celular de tecnología de punta. Eso sí es verdad, nosotros no tenemos nada que dabatir si somos más buenos que el Quaker.

No hay que negarlo más y debatirlo de una buena vez como dicen los estudiosos de la problemática. Pero sin caer en la misma postura a la que adhieren otros que propugnan el debate sólo desde lo formal, pero sólo para tirar la pelota afuera, precisamente para evitar discutir humanamente el caso.

Lo preocupante es cómo exacerba el sentimiento de rechazo a la iniciativa y como se reacciona contra quienes militan el matrimonio entre personas del mismo sexo. "Es un tema medio puto", escuché esta mañana a propósito, y me produjo una sonrisa discriminatoria.

Para colmo el debate se presenta en Mendoza justo hoy que es una fecha importante para la militancia de los movimientos alternativos y homosexuales y defensores de la diversidad cultural y por ende, sexual. El 28 de junio es el día en que se conmemoran los disturbios de Stonewall (Nueva York, EE. UU.) de 1969, que marcan el inicio del movimiento de liberación homosexual.

Te recuerdo Aída

Por las dudas, si a alguien se le ocurre interesarse por este asunto “menor” recomiendo este segmento de la entrevista que fue publicada por MDZ el 30 de abril a la entonces jueza de la Suprema Corte de Justicia Aída Kemelmajer de Carlucci.

La mujer estaba a punto de dejar su lugar en el Alto Tribunal y dejó su pensamiento como experta en Derecho Civil y de Familia sobre el caso. La entrevista titulada Las últimas confesiones y lecciones de Aída como jueza de la Corte incluye estas respuestas de la jurista sobre el matrimonio gay.

Recomiendo leer el siguiente texto antes antes de fijar una postura. Son sólo 4 minutos a partir de este momento ¿Justo hoy?  Y sí… ¿sino cuándo?

-¿Debe legalizarse el matrimonio gay?
-Mucha gente dice que ahora que el matrimonio es una institución que está fuera de tiempo, porque la gente joven no se casa, entonces se preguntan: “¿Qué es esto de que ahora vienen los homosexuales a querer casarse? ¿No es contradictorio?” Y no lo es porque es un tema de libertades en la igualdad. Es decir: “Hago lo que tengo que hacer. Lo que es mejor para mi y para el otro”. Esto se viene debatiendo hace rato quizá en Latinoamérica la discusión es más tardía. Lo que sí sabemos que no podemos seguir como estamos, de eso si estamos seguros. “Algo hay que hacer” diría el presidente Franklin Roosevelt. Con los riesgos que suponen las simplificaciones, tenemos dos grandes sistemas. Hacemos como los franceses que han hecho los “pactos de solidaridad” que significa que declaramos la voluntad de estar unidos ante un oficial de justicia y los efecto son muy parecidos a un matrimonio, pero no decimos que eso sea un matrimonio para no generar un gran shock en la población estas son políticas de “paso pequeño” para que la sociedad se vaya acostumbrando a estos cambios. O podemos hacer lo que hicieron los españoles que vinieron muchos años después de los franceses pero directamente es un matrimonio y donde dice “hombre-mujer” dice “contrayentes”. Así la sociedad comienza a aceptar el matrimonio de homosexuales.

-Claro, lo que se resiste son las consecuencias del matrimonio gay.
-Lo que la gente sigue resistiendo la adopción de los hijos por parte de los homosexuales. Y para eso también tenemos dos perspectivas. Una que es estrictamente psicológica por ejemplo una personalidad como Eva Giberti dice que los casos de adopción que ha tratado por parte de personas homosexuales no tienen diferencia con respecto a personas heterosexuales, o sea la adopción tiene sus inconvenientes pero son los mismos que se encuentran con parejas heterosexuales u homosexuales. Eso dice Eva Giberti y yo le creo porque es una de las que más conoce de estos temas.

-¿Y la otra perspectiva cuál es?
-Son los complejos y los prejuicios que tiene la sociedad. El chico que es criado con la misma naturalidad en un hogar de homosexuales, en la escuela puede sufrir mucho. Sobre todo la burla de sus compañeros porque a ese chico –que entiende su realidad- le es difícil explicarla a sus compañeros.

-¿Entonces?
-Entonces el interrogante es: ¿Cómo se soluciona esto? ¿Se niega la adopción a los homosexuales? ¿O se intenta educar a la sociedad? Yo me inclino por esta última.

-¿Qué es la homosexualidad?
-Todos los libros que he leído sobre este tema dicen que la homosexualidad y la heterosexualidad están inscriptas dentro de la orientación sexual. No tiene nada que ver con los genes ni con la educación. Pero así como nadie pregunta si alguien es heterosexual, también existe la orientación homosexual y no deberíamos preguntar por qué una persona es homosexual.

-¿Dónde ubica usted los casos de cambio de sexo cuando alguien prueba científicamente su sexualidad?
-Son cosas distintas. Esto conviene explicárselo a la sociedad. Una cosa es la homosexualidad y otra cosa es la transexualidad. Una, es de orden de orientación, es decir por quién me siento atraído: por una persona de sexo distinto al mío o del mismo. En cambio, la transexualidad no es un problema de orientación sino de identidad sexual.

-¿Entonces qué es la transexualidad?
-El transexual no se “siente” en su cuerpo. Él nació con un pene, con un órgano de sexo masculino pero no se siente un hombre. Él siente su cuerpo como si fuera de mujer y tanto es así que –no en la mayoría de los casos- intenta extraerse los órganos que él no quiere y no se siente identificado. Lo mismo pasa cuando se siente hombre y ha nacido mujer. En realidad un transexual no quiere a su cuerpo porque no está identificado con ese cuerpo. Esto no le pasa al homosexual. Por ejemplo una lesbiana, no es que no se sienta mujer; al contrario se siente mujer pero le atraen las mujeres, lo mismo que un gay que no deja de sentirse hombre pero siente atracción por los hombres. 

-Jurídicamente son temas distintos.
-Claro porque son distintos. La transexualidad es una cuestión de identidad sexual. Por eso el Tribunal Europeo de Derechos Humanos hace muchos años que acepta que a las personas transexuales se cambien la partida de nacimiento. En cambio la homosexualidad es un problema de intimidad, se trata del derecho de estas personas a que en su intimidad se exprese de la manera que coincida con su orientación sexual. El mismo Tribunal Europeo de Derechos Humanos que admite el cambio de partida de nacimiento aún no se ha expresado si negar el matrimonio gay es violar un derecho humano aunque a lo mejor lo dice dentro de un par de años.

Jorge Fernández Rojas
Periodista y editor de MDZ