“La foto del Bicentenario no me gusta. No me siento orgulloso y pienso en cómo podríamos estar si hubiéramos sostenido un rumbo en el tiempo.
¿Cómo me gustaría que sea el Tricentenario? Me imagino un país que vuelva a tener posibilidad real de ascenso social. Un país, además, institucionalmente maduro y con equilibrios.
Creo que tenemos todavía muchas deudas pendientes como Nación. La gran deuda que mantiene el país es la deuda social. La mitad de las familias argentinas están ante la certeza de que no van a poder prosperar y así no se construye un país.
Esa falta de expectativa, de ilusión, de futuro, es la gran deuda nacional. Esa Argentina donde el progreso era una realidad está lejana en la memoria: lamentablemente, hoy cada generación nueva piensa que estará peor que la anterior (salvo algunos privilegiados).
La niñez debe ser el centro de nuestra atención. El punto de partida sería que cada niño reciba un ingreso mínimo junto al acceso a salud y educación de calidad. Pienso primero en los hijos de las familias desempleadas o con trabajos informales.
No nos podemos quedar en las transferencias de ingresos, como la asignación por hijo. Es vital pensar en otras intervenciones que generen capital humano. Por eso hay que intervenir también desde la educación, la salud, el acceso a la vivienda, a la infraestructura y a un hábitat saludable.
Parte de la dirigencia discute el pasado porque no tiene la capacidad de construir a futuro. La capacidad de los transformadores es plantear el futuro y construir los caminos para hacerlo realidad. Con alternancia, pero sosteniendo a lo largo del tiempo algunas políticas públicas, la Argentina en 10, 15 o 20 años será el país que muchos soñamos.
Por historia y cultura somos presidencialistas. Lo que no podemos es ser hiper-presidencialistas. Lo que no podemos admitir es que un poder se devore a los demás, y menos que los desautorice en su rol.
Para fortuna de los argentinos tenemos una Corte Suprema valiosa, con independencia, con siete miembros que representan distintas vertientes, y que está sosteniéndose como el último recurso de institucionalidad del país.
Nunca me va a parecer bien que el Poder Ejecutivo condicione la voluntad de un gobernador por los recursos económicos. No puede haber arbitrariedad en el manejo de dinero.
Creo en un federalismo que se construye de abajo para arriba. Que todos tengamos las mismas oportunidades. Este Bicentenario nos encuentra en contradicción con la tradición federal de la Argentina, y debemos revertirlo.
La vuelta al mundo es esencial. Ya lo dijo Perón: no hay política nacional si no es como consecuencia de la política internacional. Hay que abandonar la negación del mundo, salir a relacionarse, a competir, hay que ganar competitividad, hay que fortalecer el Mercosur.
Estamos frente a un mar de oportunidades, pero la Argentina tiene que ser un país que respeta porque es respetado.
Hay que construir el futuro cada día. Por eso ocupo gran parte de mi tiempo en reunir ideas, llevándolas a programas de gobierno, a cuestiones concretas, y en interacción con toda la dirigencia.
La Argentina será gobernada por aquél que pueda volver a recuperar la ilusión de la gente. Hay que darles a los argentinos una opción de futuro".
De Narváez: "La Argentina del Bicentenario no me gusta"
El diputado nacional Francisco De Narváez cuenta, de puño y letra, cómo ve la Argentina 2010, a días de celebrar los doscientos años de la Revolución de Mayo.