Otro paso atrás: Mendoza más pobre

¿Cómo debemos leer las cifras difundidas por el Indec en torno a la pobreza? Más dudas que certezas y una Mendoza que está peor.

Dedicados a darle una satisfacción tras otra al Gobierno, el Indec, al dar las últimas cifras sobre la pobreza en el país, generó una víctima del fuego amigo: el gobierno mendocino.

Es que en medio del jolgorio por acreditar las cifras más bajas de la era Kirchner, se escapó el dato de que Mendoza no está invitada a la misma fiesta.

Aquí, el índice de pobreza pasó del 9,2 por ciento en el primer semestre del año pasado al 11,3 por ciento a fines de 2009. Así, mientras la media nacional bajó, en la provincia crecieron los índices de pobreza y también los de indigencia, aquellos números que tratan de reflejar cuánta gente está totalmente fuera del sistema. Según los datos publicados por el organismo oficial, en el Gran Mendoza hay más de 56 mil pobres y casi 15 mil indigentes.

Pero a poco de escarbar, surgen más dudas que certezas, empezando por el origen de la información. El Indec no ha superado en absoluto su descrédito nacional e internacional y hasta la UCA (Universidad Católica Argentina) explicó que el organismo que está bajo la tutela del polémico Guillermo Moreno “permite ocultar” la pobreza.

En Mendoza, el ministro de Desarrollo Humano, Familia y Comunidad, Carlos Ciurca, admitió en declaraciones radiales que “ha aumentado la demanda de planes sociales”.

Y al ser consultados los sectores que trabajan de manera más cercana a la gente necesitada, afirman sin dudarlo que “hay gente a la que la ayuda del Gobierno no le llega”.

Así lo afirmó el vocero del Arzobispado de Mendoza, Marcelo De Benedectis, quien, en consulta con los párrocos de barriadas populares y basado en su experiencia propia, dijo que no hace falta consultar al Indec para darse cuenta del incremento de la pobreza.

Algo más de la visión de los curas: ven –a diferencia del Gobierno- que la pobreza se consolida y se vuelve “crónica”, eso a lo que hemos naturalizado en el lenguaje como “indigencia” o “exclusión”.

Con estos y muchos otros datos en la mano, queda claro que el organismo nacional, final y torpemente, organizó una fiesta en medio de un velorio.

Y si desconfiamos de los datos que benefician políticamente al Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, ¿no estarán, además, suavizando las tristes cifras que le tocan a Mendoza?