Soluciones estructurales para superar la pobreza

El intendente de Guaymallén, el departamento más poblado de Mendoza, defiende el inicio de políticas "de fondo" para redistribuir la riqueza.

Foto: Nacho Gaffuri / Archivo
Foto: Nacho Gaffuri / Archivo

La pobreza ha disminuído en la Argentina y lo más importante: se están eliminando gradualmente sus causas, con lo cual en caso de persistir el modelo iniciado en el año 2003 respecto a las políticas económicas y sociales, se podrá en un futuro tener estándares donde la pobreza extrema y la marginalidad sean un mal recuerdo del pasado.

Su situación y qué hacer con ella no es un tema que pueda ser analizado seriamente sólo a partir de un índice que toma un corto período de tiempo ya que ello no refleja el verdadero estado de situación, ni las causas, ni si estamos mejor o peor ni en relación a que tiempo y que estado de pobreza, con el ínidice provisto por el INDEC, sin discutir la veracidad o no del mismo, se toma un período corto donde factores estacionales, etraordinarios, globales, etc. pueden variar ese índice y llevarnos a una conclusión errónea.

La pobreza en la Argentina hay que analizarla en el devenir histórico y en los modelos aplicados desde el año 1976 a la fecha y con ello tendremos una noción clara de las causas y del quehacer.

Así, es conocido el plan Martinez de Hoz, continuado por el plan Cavallo, es decir los modelos de la dictadura militar y de la década del 90 con el menemismo y el radicalismo, donde se sostuvieron paradigmas de la economía ya utilizados con anterioridad y con un fracaso absoluto.

Funionaron como lo hace la política económica neoliberal: la apertura de la economía a los mercados en donde la ley de la oferta y la demanda (libres) regulan el mercado, la retracción del Estado en la intervención de la economía (con políticas tales como la eliminación de aranceles a la importaciones, privatización de las empresas del Estado, etc), más una política monetaria sustentada en la convertibilidad con el patrón dólar, nos llevaron a la destrucción del aparato productivo y con ello el cierre de numerosas empresas, pérdidas consecuentes de fuentes de trabajo, retiros voluntarios de personal el cual pasó al empleo informal o al cuentapropismo y luego al quebranto, la falta de inversión en tecnologías y conocimiento, el cierre de las escuelas de oficios, etc., produjeron un grave estado de desocupación y pobreza estructural, lo que hizo estallar la Argentina en el año 2001, historia que todos conocemos.

Antes del 2001 y durante esos años, hasta el 2003, podemos sostener que la pobreza alcanzó niveles groseros, lo cual se podía advertir de diversas maneras:  economía paralela acentuada (nodos o clubes de trueque), reclamos populares por comida o asistencia o subsidios para alcanzar un nivel mínimo de alimentos (piquetes de organizaciones reclamando alimentos o planes sociales).

Esa situación y -dadas la políticas nacionales de sustitución de importaciónes, tipo de cambio favorable a las exportaciones de todo tipo de bienes y para la recepción del turismo- han importado la reactivación del aparato productivo de bienes y servicios. Ello, acompañado de políticas de incentivación de la industria y la producción han hecho que se generen millones de nuevos puestos de trabajo en la argentina (prueba de lo expuesto es que hoy los piquetes y reclamos callejeros ya no son para pedir trabajo o alimentos sino por el contrario aumentos salariales) con lo cual comienza a bajar la pobreza en la Argentina y sobre todo se eliminan las causas que la generaban (políticas económicas neoliberales, concentración de la riqueza, modelo agrícola ganadero y de producción de productos con bajo valor agregado, importaciones desdmedidas, etc), con lo que la Nación ha comenzado a partir del año 2003 un camino de recuperación económica y crecimiento del Producto Bruto Interno en forma sostenida, lo cual ha llevado a una reactivación estructural de la economía y no a una simple mejora estacional o fruto de acontecimientos externos. Esto es así y en términos económicos, la Argentina ha sobrellevado con bastante entereza la crisis mundial del año pasado.

El crecimiento económico es irrefutable más allá de las opiniones de aquellos sectores que, por conveniencias económicas, quieren volver a los años 90. En particular la oposición política argentina (Macri, Rodríguez Saá, radicales y cobistas, etc) y sus aliados con poder económico (ruralistas) o mediático (Clarín).

Este crecimiento y la consecuente creación de fuentes de trabajo, sumado a políticas de redistribución de la riqueza, como la jubilación de amas de casa, la movilidad de las jubilaciones, presencia del Estado en las leyes de la oferta y la demanda y, ahora, la Asignación Universal por Hijo, hacen que las medidas contra la pobreza pero sobre todo de inclusión social sean la necesarias y adecuadas para erradicar la pobreza estructural de la Argentina.

El qué hacer, para seguir bajando los niveles de pobreza, es la profundización del modelo nacional y popular iniciado en el año 2003 por la actual administración, con reformas impositivas que alienten la producción y el consumo y que las mayores cargas recaigan sobre aquellos sectores que más tienen, en particular aquellos grupos concentradores de riqueza de la pampa húmeda, incentivación de la recuperación de las economías reginonales, expansión de la industria con medidas de protección ante la competencia extranjera, cancelar obligaciones internacionales (canje de bonos) para que la Argentina y sus inversores puedan  tener acceso al crédito en forma más barata y conveniente para seguir desarrollando el aparato productivo y la infraestructura en la Argentina, fuerte inversión del Estado en obra pública, etc. Todo ello importará la creación nuevos puestos de trabajo y mejoras en los salarios por el crecimiento económico, con la consiguiente inclusión laboral y social.