Quiero que me resuelvan mis problemas. Ya

La opinión del diputado nacional demócrata sobre la situación de pobreza en el país, para MDZ.

Foto: Gerardo Gómez/MDZ
Foto: Gerardo Gómez/MDZ

Existe un dato contundente de la realidad: en Argentina hay mucha pobreza. Luego podemos discutir cuantos argentinos son pobres, si el Indec tiene razón o la Iglesia, o alguna consultora privada, pero lo cierto es que mas allá de “cuántos”, es verdad que hay muchos.

Esta primera conclusión en la que todos concuerdan, debiera motivarnos inmediatamente a encontrar los caminos para resolver el problema, sin embargo, pasamos años y años discutiendo cuál es el porcentaje real, o quien tuvo o tiene la culpa.

Por lo tanto, un primer avance sería dejar de discutir cuanto pobres hay y quien tuvo la culpa, y por el contrario, orientar los esfuerzos a corregir el problema.

A mi juicio, para dejar de ser pobres,  debemos recuperar la autoestima y la capacidad para comprender que somos capaces de forjar nuestro futuro sin depender de algún iluminado que nos indique el camino.

Debemos producir un cambio cultural que nos lleve a comprender que cada uno somos responsables de nuestra propia vida, y que nadie hará por nosotros y por nuestra familia lo que no hagamos nosotros mismos por nosotros y por nuestra familia. Debemos erradicar ese concepto de que el Estado nos va ha resolver la vida, y que frente a la más básica necesidad que nos aflige salimos corriendo a algún escritorio público en reclamo de una solución.

Si el tiempo que invertimos en esperar a algún funcionario de medio pelo, que después de tomar varios cafés y de haber llegado a trabajar a media mañana, nos manda a decir con una secretaria que hoy no nos puede atender y nos pide que volvamos mañana, sabiendo que mañana tampoco nos atenderá, si todo ese precioso tiempo lo dedicáramos a imaginar una solución, liberados de las redes de la dependencia estatal, seguro que le “vamos a encontrar la vuelta” a nuestro problema, y entonces estaremos doblemente felices, porque con nuestra creatividad e iniciativa resolvimos un problema, y además porque no dependimos de ningún improvisado (obvio que hay excepciones valederas) para que nos dijera por donde sigue nuestra vida.

No me imagino a nuestros abuelos, criollos o inmigrantes, esperando horas a algún funcionario para exigirle que le construya una casa y pagarla tarde mal o nunca en cincuenta mil cuotas incobrables. Mas bien compraban un terrenito, o se los facilitaba el pariente mas cercano (no el Estado) y trabajando duro los fines de semana con mujeres incluidas en la faena, veían de a poco como el sueño de la casa propia se hacía realidad, con la felicidad de las manos ásperas de llenar cimientos y pegar ladrillos. Y la mesa familiar de los domingos tenía otro sabor, y los hijos y los nietos recibían un mensaje estremecedor: el esfuerzo tiene resultados, el esfuerzo vale la pena.

Alguno pensará, hoy esto es imposible, y claro, si no nos decidimos a cambiar claro que es imposible.

La verdad es que depender del Estado nos resuelve un gran problema: todo lo malo que nos pasa es culpa del Gobierno. Pero claro, la pobreza no desaparece, por el contrario, crece todos los días.

Los gobiernos tienen una gran responsabilidad, orientar la plata de los impuestos a generar las condiciones para que la igualdad de oportunidades sea una realidad. Y la herramienta más poderosa es la Educación. Allí es donde se debe invertir fuertemente para que en el camino de la vida arranquemos todos desde el mismo casillero. Hoy ocurre lo contrario, aquellos gobiernos que se identifican como “populares” son los que han extendido la brecha entre educación pública y privada, pauperizando la primera y reservando la segunda solo para selectos grupos de pudientes. Y el resultado es el que hoy exhibimos, el que nació en un hogar acomodado, independientemente de su esfuerzo, tiene todas las posibilidades de progresar, y el que nació en una cuna humilde, independientemente de su esfuerzo, está condenado a padecer la desigualdad y la pobreza por el resto de su vida.

Eso sí podemos exigir: que los gobiernos dejen de despilfarrar la plata de todos en demagogia, clientelismo y corrupción, y orienten los dineros públicos en darle calidad a la educación pública, a los servicios de salud y a los de seguridad, que si logramos que esto funcione, a partir de allí, el esfuerzo vuelve a ser importante.

Tenemos la responsabilidad de decirles a los gobiernos que si quieren ayudarnos, nos ayuden a ser más independientes. Debemos salir de esta situación de rehenes de los pícaros de turno.  
Mientras el mundo que progresa corre presuroso en la búsqueda de más libertad, en nuestro país corremos presuroso a las faldas del Estado donde lo único que conseguimos es mas sometimiento, y a juzgar por los resultados, más pobreza.

Las personas progresan cuando se animan a ser protagonistas de su propia vida. Lo otro, es un Estado que asfixia y envilece a su comunidad.