¿Por qué (ahora) no le creen a Menem?

Así como el saber popular nunca descansa, y a todo le busca la vuelta, el discurso dominante no puede con su genio. Las ausencias de Menem a las sesiones del Congreso irritan a la oposición (y a los medios) que deben “necesariamente” hablar de pacto secreto y de contubernio (exista o no tal hecho).

El otrora amigo del “voto no positivo” hoy es un enemigo de la democracia. ¿Por qué no le creen a Menem? El hombre apunta pa` los ochenta y está débil. Se enferma cada tanto. ¿Por qué desconfiar? ¿No ven que se nos va en cualquier momento? ¡Más respecto con los ancianos, che!

Si se fiaron de él en las más duras ¿Por qué pensaron que algún día no los iba a dejar en banda con el papel higiénico en la mano? ¿Acaso necesitan de la ayuda del diablo para insuflar democracia en el país? ¿No era que la oposición no es un revoltijo de carne con madera? ¿Qué cosa fuera?

Dan risa las caras de ano (no dije culo) de Morales y Cobos cuando una vez más se suspendían las sesiones. Encima que andan con los facones detrás del cinturón pa` traicionarse entre ellos en la primera de cambio, viene el turco y los abandona en ésta, ¡Pero Carlos! ¿Qué nos estás haciendo? No nos dejés en ésta, compañero de ruta. Levántate y anda, siéntate y vota. Je je. Diálogos de Don Segundo Sombra chamigo.

Especialistas en las formas. ¿No es lícito lo que pasa formalmente en el Congreso? Digo, si un grupo de legisladores no quieren dar quórum, y no se presenta a la sesión, ¿No está contemplado como “posibilidad formal” que ello ocurra sin que se considere un delito? ¡Ah! es moral la cosa, es un desagravio al Congreso Nacional.

Si fue moralmente probo el voto no positivo de Cobos, Viceprescindente del país, votando en contra de su propio gobierno, ¿Por qué esto no lo es? Aquello sí fue moralmente aceptable y, además, formalmente contemplado en los papeles. Así, cualquiera es un demócrata.
Pero no hay caso señores y señoras. Cuando la bocha la mueven ellos ta` todo bien, pero cuando en el segundo tiempo les toca sacar a los otros, piden la pelota de nuevo.

¡Aaaaachucarro hermanos! Achucarro.

El país está dividido y ello se expresa en las cámaras. Les guste o no es así la cosa. En algún momento la cuestión se dirimirá hacia algún rumbo. Pero esto también es democracia, digo, la división. Y así se juegan los clásicos, a todo o nada. A cancha llena o sin público; eso sí, siempre lo pasan por televisión. Y más ahora, que hay “fútbol para todos”.