La trágica muerte del disidente cubano Orlando Zapata Tamayo en Cuba deja en claro que la defensa de los principios postulados por la Declaración Universal de los Derechos Humanos es una tarea siempre inconclusa y que debe estar en la agenda de las naciones.
La persistencia de la práctica de encarcelamiento depersonas por el sólo hecho de pensar diferente, sometiéndolas a los rigores de la reclusión en condiciones inhumanas debe ser condenada -ahora que se conoció el caso Zapata Tamayo- de manera unánime por los países democráticos del mundo.
La Argentina tiene allí una oportunidad histórica: la de llevar a la isla del Caribe gobernada por los hermanos Castro, su política de defensa de los Derechos Humanos, condenando -como lo ha hecho el gobierno socialista español, por ejemplo- la existencia allí de unos 200 presos políticos y exigir garantías para quienes disientan con el régimen..
Los derechos de las personas no distinguen fronteras, credos, ideologías ni banderas. Son inalienables y, por lo tanto, deben ser defendidos a rajatabla cualuqiera sea la persona a quien se le niega su pleno goce.
En el mundo del siglo 21 es intolerable la continuidad de prácticas de persecución del adversario político, como evidentemente ocurre en Cuba. Países como el nuestro, que han sufrido regímenes de carácter autoritario, con violación sistemática de los derechos fundamentales, persecuciones, privaciones ilegítimas de las libertades y hasta la indescriptible situación de que ciudadanos sean "desaparecidos" de la faz de la Tierra, no pueden permanecer inalterable frente a la dramática noticia surgida en La Habana por estos días.
Gracias a la intervención oportuna de otros países, como los Estados Unidos o Francia, pudo darse a la luz -durante la última dictadura argentina- la real situación que se estaba viviendo aquí y la presión internacional coadyuvó a la reconquista del sistema democrático.
No le neguemos esa posibilidad, ahora que podemos ayudar, al pueblo cubano ni a ningún otro pueblo que vea coartada sus libertades de manera arbitraria.
Los derechos humanos son de todos, pero fundamentalmente rigen para defender a las personas que son sometidas por la fuerza de los estados, de los gobiernos y de las mayorías que pretenden negar la existencia de "otros", de aquellos que no comulguen con sus ideas.
El gobierno argentino debe actuar.
Cuba debe ser otra después del caso Zapata Tamayo. Porque nuevamente los pueblos y sus gobiernos surgidos de la voluntad popular deben unirse para decirle "nunca más" a la opresión, "nunca más" a la violación de los derechos de las personas.