Ni lerdo, ni perezoso, Daniel Scioli ya tiene en sus manos varias encuestas sobre su imagen ante las dudas que mantiene Néstor Kirchner de avanzar en una candidatura propia para el año que viene, a raíz de sus dificultades para romper el núcleo duro de las voluntades opositoras.
Estos números llevaron cierto alivio a los operadores del gobernador, ya que mostraron alguna recuperación de su imagen, aunque el promedio arrojó un modesto guarismo en torno al 35 por ciento, lejos de un nivel de aceptación cercano al 70 por ciento que supo tener hace un par de años.
No obstante, en La Plata destacan que inició un proceso de recuperación, tras la incesante caída registrada desde el conflicto con el campo y motorizada por su incondicional apoyo a Kirchner.
A la hora de los argumentos, mencionan la postura siempre conciliadora de Scioli, y algunos logros en materia de seguridad y en la cuestión vial, con una sensible reducción de accidentes durante este verano.
En la carrera que quiere largar de ser el candidato justicialista, ya trazó también los lineamientos gruesos, como el de profundizar el diálogo entre todos los sectores, en un claro modelo diferenciador al aplicado por los Kirchner en más de siete años en la Rosada.
La verdad publicada
Casi nadie mejor que Scioli para entender el perjuicio político que causa el estilo de confrontación permanente, a tal punto que parece que nada anduvo bien en estos años y que sólo hay espinas sin rosas en el trayecto que resta para terminar el mandato de Cristina.
Todas son noticias terribles, según los grandes medios enfrentados con el Gobierno desde la sanción de la Ley de de Servicios Audiovisuales.
Basta con mencionar la malicia de la letra impresa que comparó la medida restrictiva aplicada a los barcos que naveguen en aguas territoriales argentina, con el objetivo de trabar en lo posible la extracción de petróleo en el Atlántico por parte de Gran
Bretaña, con los preparativos de la nefasta guerra de 1982.
Es más, varios comentarios hicieron la analogía de la necesidad de los Kirchner de sumar grandes golpes de efecto para perpetuarse en el poder, igual como el ex presidente de facto Leopoldo Galtieri, a principio de aquel año, para sacar de la agonía al denominado Proceso Militar y dejar "las urnas bien guardadas" por un buen tiempo más.
Más aún, compararon la debilidad objetiva del premier británico, Gordon Brown, con la que por aquellos tiempos sufría Margaret Thatcher, quien truncó toda posibilidad de negociación bilateral cuando mandó a hundir el crucero Belgrano, fuera de la zona de exclusión.
Estos análisis afiebrados, que golpean directo en los sentimientos de todos, omitieron las reiteradas aclaraciones de la Cancillería de que la única solución debe partir de las negociaciones y de las gestiones en organismos internacionales, siempre tan proclives a favorecer los deseos de los imperios.
Otra cuestión tratada con la lupa de lo negativo fue la decisión de aumentar los salarios docentes nacionales anunciada por el ministro Alberto Sileoni, una medida que debería trasladarse a todas las jurisdicciones.
En este caso, los títulos privilegiaron el malestar que provocó entre gobernadores esta virtual imposición del Gobierno Nacional para incrementar los salarios a todos los maestros, antes que la estricta justicia del ajuste de haberes, aún muy magros y en deterioro por los efectos de la inflación.
Es cierto que los presupuestos de las provincias se escriben en muchos casos con tinta roja, por el criterio de caja única de la administración central, pero el Fondo de Incentivo Docente socorre a las jurisdicciones que no puedan llegar al piso.
Además, hay 10 provincias que pagan por encima de los 1.740 pesos acordados en la paritaria nacional, por lo que no están obligadas a nada, sino es que los gremios ni pujan por mayores incrementos.
Buenos Aires hace un gran esfuerzo para alcanzarlo, en virtud de la legión de docentes que enseñan en el distrito más grande del país, y, básicamente, Capital y Río Negro son las que tienen mayores dificultades.
Bajo el caleidoscopio de estas informaciones, nunca hubo crecimiento económico, ni descenso del desempleo, el campo jamás ganó plata, la inflación ya está en las puertas de la híper y nunca se avanzó en derechos humanos ni en la independencia de la
Justicia.
Es en este marco de cierto descrédito social y enfrentamiento con medios que el ex presidente no descarta el famoso "plan B" para el 2011, una determinación que informará a principios del año entrante y a la luz de los relevamientos de opinión.
Primero reasumirá como presidente del PJ, luego seguirá tomando juramentos de fidelidad a gobernadores e intendentes, e intentará dar una demostración de fuerza el 11 de marzo en Ferro, en el marco de un acto organizado por el Movimiento Evita.
Tiene previsto para más adelante, si su salud se lo permite, visitar varias provincias para luego, sí, pedir encuestas para ver si pudo levantar su alicaída imagen positiva.
Si estas, al final, no cantan los números que quiere, se abriría el tiempo del gobernador de Buenos Aires, por lo menos para la competencia con otros candidatos del PJ, como Mario Das Neves, Francisco de Narváez o Carlos Reutemann.
Este perdió peso específico con sus últimos exabruptos y sintió el impacto del aislamiento que le impuso Kirchner cuando dio a entender que el actual gobierno es el más corrupto de la historia.
De Eduardo Duhalde poco se ha escuchado en las últimas semanas, aunque, se sabe, que su especialidad es acumular poder en la sombras.
Mientras que De Narváez parece haber salido del largo letargo que se autoimpuso desde su victoria el 28 de junio pasado, y volvió a caminar el país para reunir voluntades más allá de las fronteras bonaerenses.
Estuvo en Tucumán y recorrerá Córdoba, Mendoza, Santa Cruz, Corrientes y Salta, con el fin de evaluar sus chances presidenciales.
El empresario quiere jugar el partido grande de la Presidencia, aunque sabe que sus grandes posibilidades siguen estando en la provincia más extensa del país.
Es más, no descarta que Kirchner, al final, de batalla en ese distrito, algo que, hoy por hoy, suena muy improbable.
Mientras tanto, el ex jefe de Estado, desde Olivos, sigue armando estrategias y, en ese marco, hasta fue levantada la idea de Hugo Moyano candidato para aglutinar en el PJ al grueso del sindicalismo.
Y tampoco se descarta que el ex presidente esté dejando correr esa alianza interna entre Alberto Fernández, y los denominados "díscolos" como !os intendentes Pablo Bruera, Sergio Massa, y el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, un kirchnerista de la primer hora, en otro tiempo cercano a la Presidenta.
Es que la necesidad tiene cara de hereje y hay que tomar todos los recaudos si al final de 2011, el kirchnerismo debe dejar la Casa Rosada.
Frente a esta posibilidad, varios apóstoles del Gobierno, como Carlos Tomada, Daniel Filmus, Sileoni y Mercedes Marcó del Pont, entre otros, ya mantienen reuniones para apuntalar con nuevas políticas la gestión o, en su defecto, diseñar el post kirchnerismo y prepararse para un eventual papel en la oposición del nuevo gobierno por venir.
Scioli candidato, la otra carta que maneja Kirchner
En la carrera que quiere largar de ser el candidato justicialista, ya trazó también los lineamientos gruesos, como el de profundizar al diálogo entre todos los sectores, en un claro modelo diferenciador al aplicado por los Kirchner en más de siete años en la Rosada.