Con diferentes matices, algunos incluso enfrentados por ideas e intereses, los referentes de la
oposición política argentina ingresaron de lleno en la etapa del posicionamiento en la grilla de los presidenciables ante el prematuro desgaste de la administración kirchnerista.
No es de extrañar, en este escenario, que dirigentes como Julio Cobos y Elisa Carrió crucen dardos públicamente, cuando antes del verano sólo lo hacían en privado. Tampoco resultan
llamativos los crujidos internos en el peronismo, ansioso por reciclarse como tantas otras veces en la historia.
Es que el proyecto kirchnerista está anclado en el rechazo del 60 por ciento de los argentinos -según las últimas encuestas conocidas- y por el momento no hay perspectivas de que esta
situación se modifique, al menos en una línea de gobierno monocorde y sin gestos de reacomodamiento con la sociedad.
Por eso se agigantan las figuras de Cobos, Carlos Reutemann y Francisco De Narváez, mientras que dirigentes como Elisa Carrió, Eduardo Duhalde y Mauricio Macri buscan acercarse a ese lote de punta y otros como Felipe Solá y Mario Das Neves asoman como candidatos alternativos y de potencial renovación.
Sin embargo, así como los sondeos de opinión pública son contundentes con la situación política del matrimonio Kirchner, la discusión pública entre los referentes opositores -ya
abiertamente lanzados a la lucha por el poder- no pareciera beneficiarlos en el universo de la percepción social.
De hecho, algunas encuestas reflejaron recientemente una baja de casi 10 puntos en la imagen positiva de Cobos tras su voto favorable a la remoción de Martín Redrado del Banco Central
-acompañando la postura del Gobierno- y los chispazos públicos con Carrió por la candidatura del "panradicalismo".
El vicepresidente sigue siendo, de todos modos, el dirigente político con mejor imagen entre los argentinos, pero este verano también parece haber dejado en claro que a partir de ahora
estará sometido a los mismos vaivenes que otros potenciales candidatos y que su figura ya no estará "blindada".
De esta situación sabe hace rato el "Lole" Reutemann, quien secunda a Cobos en las encuestas pero sube y baja en las preferencias populares al ritmo de su confrontación con el Gobierno a nivel nacional y con la administración socialista de Hermes Binner en el plano provincial.
Reutemann aún no definió si será candidato a presidente y es esperable que no lo haga hasta bien entrado este año. Pero muchos peronistas -incluso algunos que ahora militan en el
Gobierno- se encolumnarían detrás de su figura en una elección que, suponen, definirían con Cobos y los radicales.
Uno de esos peronistas es el "Colorado" De Narváez, a la sazón tercero en las encuestas detrás de Cobos y Reutemann, quien ya anticipó a sus colaboradores que no buscará ser candidato a presidente si el ex piloto de Fórmula 1 finalmente se decide a competir en 2011 por el sillón de Rivadavia.
Pero De Narváez no se duerme sobre los laureles: mientras Reutemann se toma su tiempo, inició una recorrida por el interior del país para potenciar su figura más allá de los límites de la provincia de Buenos Aires y pergeña la estrategia legal para que su candidatura no sea impugnada por la Justicia.
El hombre que derrotó a Kirchner en territorio bonaerense ya tiene muy poco en común -en términos electorales- con Solá y Macri, sus socios en esa campaña exitosa, y su relación con
Duhalde no pasa por el mejor momento, pese a que las segundas líneas de ambos espacios peronistas tienen contacto fluído.
Precisamente, Duhalde aseguró días atrás a los gremialistas que lo acompañan en su intento por regresar a la Casa Rosada -Gerónimo "Momo" Venegas (Uatre-62 Organizaciones), Luis
Barrionuevo (Gastronómicos-CGT Azul y Blanca), entre otros- que su candidatura se mantendrá "hasta las últimas circunstancias".
A su vez, el chubutense Das Neves trabaja intensamente para instalar su figura fuera de los límites provinciales: viaja todas las semanas a la Capital Federal, inaugura locales partidarios en el Gran Buenos Aires y pocos días atrás se llevó una parva de elogios del caudillo entrerriano Jorge Busti.
Todos estos dirigentes opositores, la mayoría con intereses políticos y electorales contrapuestos, tienen sin embargo en común la idea de fomentar una alianza parlamentaria que deje en claro al oficialismo que hay un nuevo tiempo político en la Argentina y que debe acostumbrarse a consultar al Congreso.
Esa es la lección que dejó la llamada "crisis de las reservas" del Banco Central y que con seguridad será ratificada en temas espinosos como la reglamentación de los decretos de
necesidad y urgencia, la reforma pendiente al Consejo de la Magistratura y la necesaria transparencia del INDEC.
En este punto, por más que públicamente no haya buena sintonía entre los presidenciables de la oposición, todos coinciden: por eso ya se formó un grupo de legisladores encarcagados de articular la estrategia parlamentaria con dirigentes de total confianza de esos líderes.
Sobresalen allí diputados y senadores alineados con Cobos, Carrió, De Narváez, Macri y Duhalde. Justamente Graciela Camaño, potencial candidata a gobernadora bonaerense por el duhaldismo, acaba de ser ratificada como presidenta de la estratégica comisión de Asuntos Constitucionales de la Cámara baja.
Por todo esto, queda claro que la oposición ya pelea por el poder grande en la Argentina. No es poca cosa para un proceso democrático que aún es muy joven y que necesita de renovación y
alternancia para asentarse y contribuir a saldar las grandes deudas que el país mantiene con sus ciudadanos.