"No quisiera estar en sus zapatos", dijo Mirtha Legrand ni bien concluyó la fiesta, como una síntesis de lo que había escuchado una hora antes.
Si hay algo que no puede decirse de las vendimias de Celso Jaque es que hayan sido monótonas, auunque precisamente por las virtudes artísticas de la popular cada vez que el gobernador pisó el palco de autoridades. No estamos hablando de lo que ocurre en el escenario, sino en ese trasfondo político que ha pasado a primer plano por la reprobación pública que el "Mostro" mendocino, el Frank Romero Day, le hizo sentir como jamás le ha tocado a un político.
Jaque ha vivido ya tres ediciones vendimiales en sus tres años de gestión, en los cuales ha sentido el calor del público, y hasta de los artistas, de una manera única. Ya en el ensayo, el gobernador sintió la repulsa de los artistas que lo silbaron en medio de reclamos salariales.
2008: El "operativo clamor" y el surgimiento de los "aplaudidores"
Eso era apenas un adelanto de lo que vendría después. Y, por supuesto, encendió el alarma en el círculo íntimo del mandatario mendocino que ideó un "operativo clamor" para el Acto Central de la Vendimia, noche crucial, que le permitiera a Jaque caminar hasta el palco oficial como si estuviera en "una burbuja".
El temor fue creciendo a lo largo de febrero, cuando los primeros síntomas de rechazo se instalaban en la Fiesta de la Tonada y algunas vendimias departamentales. Para peor: en San Martín y Guaymallén, donde el PJ es oficialista, hicieron sentir a Jaque en territorio hostil, opositor.
Llegado el momento, el operativo incluyó las distracciones habituales: que el político de marras llegara mientras la multitud comenzaba a corear y aplaudir la marcha vendimial, apurados por los locutores del acto. Pero Jaque no llego sólo, sino rodeado de un tumulto de guardias, ministros -incluso el gobernador de San Juan, José Luis Gioja- y con dos jóvenes que, adelantados, vivaban cuales efebos peronistas: "¡Saluden que llega el gobernador! ¡Saluden que llega el gobernador!".
La Vendimia 2008, en efecto, será recordada como el debut de los "aplaudidores" de Jaque, metodología que después se aplicaría a otras instancias de la vida política del jaquismo.
2009: "Frankito", el "Mostro" que chifla
Pero hay un antes y un después de la edición 2009, una bisagra dolorosa para el gobernador. La coyuntura política junto a las promesas incumplidas del Gobierno constituyeron la suma de todos los miedos. Y que contrapuso de una manera taxativa -por lo menos, en esa circunstancia- a las dos figuras principales de la política mendocina: Celso Jaque y Julio Cobos.
No hubo aplaudidores. Hubiera sido inútil. Hubo un contexto previo, eso sí, un caldo de cultivo. Meses atrás, Jaque ya había pedido perdón por haber no haber cumplido su promesa electoral de bajar el delito, en tanto su gobierno seguía sin encontrar el rumbo. La campaña electoral estaba en ciernes con el adelanto de las legislativas de junio y, para colmo de males, tenía que soportar en su misma provincia a un vicepresidente con una alta imagen positiva como principal capital político -luego de aquel ya lejanísimo "No positivo"-.
El contraste fue chocante para el jaquismo, malherido en su orgullo propio, que no perdió tiempo y salió durante la misma fiesta a denunciar que todo había sido armado por militantes de Godoy Cruz vinculados al intendente Alfredo Cornejo y a la barra del Tomba.
Habían pasado las 22, la bomba de estruendo había dado inicio a la fiesta, el teatro griego estaba a oscuras y entonces Jaque avanzó. Rodeado, al igual que un año antes, con el paso seguro aferrando fuertemente de la mano a su esposa, Liliana Landete, cuya cara se fue desfigurando a medida que la agonía comenzaba.
"Estoy bien. Estamos en democracia", dijo el gobernador, en medio de la silbatina.
Los silbidos comenzaron en un sector donde había carteles de San Martín y se propagó por todos los sectores del teatro griego. El "Mostro" -tal como los chilenos denominan al público que asiste al Festival de Viña del Mar, y que reprueba duramente la performance de artistas populares- abría las fauces por primera vez y la guardia oficial de Celso Jaque hacía lo posible para atravesar a empellones -a los codazos con los periodistas, incluso- las puteadas, algunos salivazos y objetos debiles que arrojaron contra él.
En aquel largo pasaje, no faltó quién intentara agredir personalmente al gobernador arrojándose con sus propios puños. Afortunadamente, la guardia personal de Jaque no sólo fue efectiva con los periodistas y logró resguardar la integridad física de Jaque. Finalmente, la policía terminó arrestando a uno sólo, aquel que se había acercado simplemente a insultar al mandatario, en tanto otros dos, que apuntaron sus nudillos sin éxito, lograron confundirse entre el gentío para escapar.
De nada había servido la visita de una presidenta -Cristina Fernández de Kirchner- por primera vez después de muchos años al Carrusel del mediodía de aquel sábado, con anuncios para la industrial local. Un detalle: la Televisión Pública, la única que tuvo la concesión de transmitir en directo el acto central, no reflejó el rechazo popular en ese momento.
La Vendimia 2009, entonces, será recordada por el nacimiento de "El mostro" del Frank Romero Day, que con una apabullante silbatina general no le perdonó a Celso Jaque lo gestionado hasta ese momento en la provincia.
Un año después, los temores volvieron a surgir, cíclicos como la vendimia.
2010: El camino del "Mártir"
En el interín, Jaque había tenido que soportar otra fuerte campaña de los gremios estatales más combativos. "Si cree que Jaque miente, toque bocina", rezaban las pancartas de los empleados judiciales en una dura puja con el Gobierno por reclamos salariales que mantuvo paralizada el servicio de justicia -tal como hoy sucede con los hospitales- durante un buen tiempo.
La táctica fue la usual para la Vendimia 2009. Cuando el vocalista "oficial" -Cristian Soloa- sorprendió al público surgiendo solitariamente al escenario, cantando "Virgen de la Carrodilla", Celso Jaque volvió a apretar la mano de su esposa Liliana Landete e inició por tercera vez ese angosto pasaje, rodeado de guardias, algunos allegados, aguardado con alta expectativa por cámaras y micrófonos.
Hubo una clara diferencia respecto del año anterior y que el Gobierno salió a comunicar ni bien el acto artístico comenzó: la desaprobación respecto al gobernante era menor. En otras palabras, el hecho de amilanarse porque los silbidos no resultaron tan avasallantes como en 2009.
Claro que en la semana previa ocurrían cosas llamativas en el orden político. Oficialismo y oposición se trenzaban por el misterio de las entradas para el Acto Central, acabadas en cuestión de horas, minutos, ni bien se lanzó la venta. Surgía así una hipótesis para nada descabellada: que el Gobierno hubiera regalado tickets a su propia gente, "copando la parada" en las gradas de "El Mostro" para evitar lo sucedido en 2009.
En algo había evolucionado la estrategia: en lugar de los aplaudidores desaforados, habría respetuosos espectadores, "acomodados". A ellos se les sumaba un grupo de 80 piqueteros kirchneristas de Luis D`Elía, venidos desde la Capital para disfrutar la fiesta y en pos de hacer "turismo social". De esa manera, se pensaba amortiguar el rechazo.
La estrategia craneada desde el Cuarto Piso también involucraba a Cobos. El reemplazo de los aplaudidores por los "acomodados" generó en el cobismo el temor de que el vicepresidente fuera abucheado, tal como le había sucedido a Jaque un año antes. Cobos, no obstante, evitó la situación asistiendo a la segunda noche de Vendimia.
A esto, se le sumaba el habitual conflicto con los artistas por el tema salarial. Los bailarines exigían a Jaque, además de un aumento, que se disculpara por haber dicho que si ellos no bailaban, lo haría él mismo en el escenario. Un apagafuegos, lo que se dice.
Soloa no cantó solo aquella noche. Pese a la reprobación, Jaque cerró los ojos -literalmente- y entró acompañando al ahijado del ministro de Gobierno, Mario Adaro. Y no se despegó de la letra en todo ese camino tortuoso, como si en rigor fuera un mártir que camina decidido hacia su cruz, a sabiendas que el resto está equivocado. Estoicamente, se había procurado a sí mismo un "cono de silencio" que sus propios guardias nunca podrían proveerle.
La Vendimia 2010, sin embargo, también será recordada por el zapatazo arrojado a la humanidad del alcalde Víctor Fayad, rápido de reflejos y futuro ganador de la pulseada política en la Capital.
Pero también, en un hecho político que pocos notaron pero surgió como un adelanto de la rutpura que sobrevendría en el principal matrimonio político de la provincia.
Ni bien Celso Jaque logró entrar al palco de autoridades, detrás suyo apareció el vicegobernador, Cristian Racconto. Distante, Racconto dio la razón al público que se había manifestado en contra, en lugar de otorgar respaldo a su socio político. La ruptura finalmente se concretaría en abril, cuando el vice denunciara ante MDZ la posibilidad de que fuera espiado, nada menos, que por su propio gobierno.
Así, resultaron las tres vendimias de Celso Jaque.
Un reflejo de cómo el Gobierno ha buscado disponer políticamente la mentada "fiesta de los mendocinos". Pero también, un reflejo de cómo ha sido su relación con la gente en actos masivos.
Y la pregunta obligada: ¿cómo se preparará el gobernador para recibir la cuarta y última Vendimia, seguramente politizada por las internas partidarias, en un año clave para la provincia y el país por las elecciones?