En la tierra del Sol y del Buen Vino el zonda se llevó puestas la conmemoración y las celebraciones de el Día Internacional por los Derechos Humanos. Enhorabuena que el viento no pudo con los Juicios por lesa humanidad, que continúan con buena salud.
En Buenos Aires y en Villa Soldati no sólo no hubo celebraciones sino su contratara: agresiones, heridos y muertos. Como indicando que una cosa es declamar y proclamar los Derechos Humanos, y otra muy distinta hacerlos efectivos.
Para la crónica quedará la génesis de todo lo sucedido en Villa Soldati: quienes y contra quienes se enfrentaron -menos pobres contra más pobres-, quienes los instigaron, quienes miraron para otro lado, quienes sacaron tajada de los acontecimientos, quienes deberían haber intervenido con cordura y no lo hicieron y quienes sí intentaron un puente de diálogo para solucionar el conflicto.
Más allá de todo lo anterior, una cosa es tan clara como el sol que nos alumbra: no desde ayer sino desde hace muchos años, gran cantidad de ciudadanos argentinos y de hermanos latinoamericanos que habitan y trabajan en nuestra Patria se encuentran privados de los derechos humanos fundamentales para realizar sus vidas con dignidad. Nombremos al trabajo, la casa, la salud, la educación, la inserción social.
Desearía no escuchar el tan remanido in-justificativo de que “siempre fue así, aquí y en el mundo”, de que “son vagos y no quieren laburar”, de que “todo lo quieren de arriba”. Casos hay, ciertamente. Pero, por lo que yo conozco, son una minoría.
El tema y el problema es más de fondo.
Lo grafico con una pregunta: ¿a alguien o a algunos les cae muy bien y les gusta sobremanera ( para ellos y para su familia) vivir en una villa, o en casillas de chapa, cartón y nylon, o no tener qué comer o dinero para comprar remedios? No, queridos amigos. A nadie le gusta eso. Y lo sobrellevan y lo soportan como pueden.
Nuestra Constitución Nacional y la de todos los Estados del mundo garantizan (se comprometen) a que “todos, todos, todos” los habitantes del país puedan tener las mismas posibilidades de acceso al trabajo, a la vivienda, a la educación, a la salud y a una vida social en paz. Nos volvemos a interrogar: ¿por qué lo garantizado no se ve reflejado en la realidad? Se puede responder: porque hay corrupción en los gobiernos, porque somos naturalmente egoístas, porque “ande yo caliente y ríase la gente”, porque…porque.
Ciertamente, algunas o todas esas respuestas tienen su grado de implicancia y responsabilidad en lo que nos está sucediendo y en lo que muchos de nuestros compatriotas y cohermanos están sufriendo. Pero vuelvo. El tema y el problema es más de fondo.
Pienso que todos somos conscientes -aunque nos hagamos los zotas- de que es “el sistema” socio-político-económico vigente en nuestro país y, por des-gracia de la “globalización” imperante (de “imperio”) en todo nuestro mundo, el responsable principal, y casi excluyente, de que los derechos humanos primarios e inalienables de muchas personas no sean respetados.
Recordemos sólo esto: el 80% de toda la riqueza generada en nuestro planeta es usufructuada por sólo el 20% de los habitantes; mientras el 80% de la población debe resignarse a sobrevivir con el 20% de las riquezas que, como migajas, caen de las mesas de los “dueños de este mundo”.
“Bueno, dirán algunos, ya identificamos y encontramos al culpable: el sistema. ¡A la hoguera con él!” Nos seguimos engañando y seguimos siendo mirones ciegos.
Este sistema, como cualquier otro que haya existido o vaya a existir entre nosotros, no es fruto de generación espontánea o de alguna malvada deidad que nos ha condenado por anticipado. Los sistemas económicos, políticos y sociales son producto de una determinada sociedad que los implementa, los acepta y/o los padece.
Son personas concretas, somos nosotros, los prohijadores, los cómplices o los complacientes -por acción u omisión- de esos sistemas.
Dos botones mendocinos de muestra:
1- La Ley de quiebras. Nadie ignora que dicha ley es fraudulenta y que ampara a sinvergüenzas empresarios y comerciantes -apoyados por una sinvergüenza staff de corruptos contadores, abogados y jueces- para que “fundan” a una empresa, se queden con sus activos con sólo cambiar de razón social y dejen sin dinero y en la calle a una tendalada de personas. ¿Y la administración de Justicia?. Bien, ¡gracias!
2- Los aumentos en los impuestos y los “incobrables de siempre”. A partir de enero el Gobierno Provincial nos aumentará los impuestos. Ese mismo Gobierno, que dice no tener dinero para gobernar, reconoce que hay mendocinos (¡los de siempre!) que son deudores al fisco por 700 millones de pesos. Y junto al reconocimiento del delito, promete beneficiarlos con una moratoria de intereses y con un satánico blanqueo (¡que siempre será el último!) a fin de “juntar algo para seguir”. Conclusión: los tontos que pagamos en tiempo y en forma, pagamos dos veces; y los otros se ríen a carcajadas. ¿Y la administración de Justicia? Bien, ¡gracias!
Es hora que tomemos conciencia de que “sin justicia no habrá paz”. De que lo que nos acontece es el fruto amargo de nuestras propias corrupciones y malas acciones. De que “tu” derecho es “mi” derecho también. Y que “este” País lo construimos o lo destruimos entre todos por acción o por omisión.
Si para la Navidad y para Fin de Año deseamos augurar Paz y Felicidad, pongamos un poco de sinceridad y honradez en la copa de la vida para que las palabras dichas no sean una máscara de lo que no queremos hacer y una triste vestimenta para tapar nuestra desnudez.