Entre 2006 y 2010, el stock ganadero cayó de 58,8 millones de cabezas a 48,8 millones: un 17% o 10 millones de animales menos, según datos de la consultora Economía y Regiones. Aquí hay una buena razón, por el lado de la oferta disponible, para explicar el formidable aumento del precio de la carne de los últimos meses.
Eso ya revela la ausencia de una política oficial de estímulo a la producción. Si se prefiere, que el Gobierno no advirtió un proceso a la vista de cualquiera o, peor, que si algo se hizo contribuyó a acentuarlo: desde hace varios años el stock ganadero viene cayendo sin pausa.
Queda al descubierto, así, la inutilidad de las apelaciones simplistas a aumentar el consumo de cerdo y de aves, basadas en el supuesto de que eso era posible con sólo recomendarlo desde el poder. Siempre costó mucho modificar la dieta alimenticia de los argentinos, simplemente porque este es un país con notoria tradición ganadera: igual que pretender alterarla en aquellos donde abunda la pesca.
La misma suerte corrieron todos los argumentos que se emplearon a mediados de 2008, cuando en plena crisis del campo se embestía contra la soja, el cultivo que avanzaba y desplazaba a otras producciones. Nada cambió demasiado y la soja sigue siendo la estrella que sostiene el superávit comercial y fogonea la recaudación impositiva: un buen motivo, al fin, para que todo siguiera igual.
Hay otras cosas que parten desde la base del fenómeno: Desde enero, la producción de carne vacuna cayó alrededor del 20 % , según la consultora abeceb.com. Y 30 % las exportaciones.
Hoy, la faena representa la mitad de la que había en 2007. Y creció considerablemente la faena de vacas, o sea, la fábrica de novillos y eso que garantiza producción futura.
El artículo complero, en Clarín.