Después de Néstor

Un conjunto de impresiones sobre los días por venir a partir de las reacciones internas de la política, de los empresarios y de la gente en la calle. ¿Qué esperar de este país, ahora que no está Kirchner?

La muerte sorpresiva desarma. Tras el espanto inicial provoca miedo, frustración. Y bronca, claro.

Y ellos estaban enojados. Se les notaba en los gestos hostiles, en los cánticos, en el rostro duro de hombres, mujeres y chicos de 20 que atiborraron ayer a la mañana la calle Alem a unos pocos metros de la Casa Rosada, por donde saldrían los restos mortales de Néstor Carlos Kirchner. Estaban ahí, firmes y mojados. Alegres por la movilización y tristes por la falta repentina del líder. Y alegres otra vez… “Llueve… llueve… y el pueblo no se mueve…” y enseguida “¡El que no salta es de Clarín!” o el nuevo éxito… “Andate Cobos….” con referencias a la madre del vicepresidente. Gritaban con ganas. Se descargaban a voz en cuello porque alguien es responsable de lo que pasó. Alguien tiene que pagar por haber arrebatado la vida del padre.

Y la culpa la tenían Cobos y Clarín, y Duhalde y el “Che vos gorila…” en ese orden estricto. A ellos fueron dirigidas todas las hostilidades, ácidas como el vómito furioso de una multitud adolescente y huérfana. La famosa “crispación” del kirchnerismo, aquella que el ex presidente fallecido y su esposa supieron transmitir a la nueva generación de descamisados del peronismo, se palpó ayer en los integrantes de las organizaciones sociales, gremios, cooperativas de trabajo, comedores, piqueteros, que coparon las primeras veredas del cortejo fúnebre justicialista más importante desde la muerte de Perón. Ellos, el brazo largo del kirchnerismo en la calle, estaban realmente enojados.

MDZ vía Twitter

La mujer de las magnolias.

Hubo contrastes. Una mujer casi sin pelo, de alrededor de 70 años, portaba unas magnolias maltratadas por las cuadras caminadas en Buenos Aires. Y le pedía a un fotógrafo que por favor la arrojase al paso de la caravana. Él, educado, se las arregló para convencerla de que lo hiciera ella misma. Debía trabajar y lo retarían si volvía sin la imagen del día. Como esa mujer, otras mujeres –cientos… tal vez miles… decenas de miles en todo el país- expresaron pesar auténtico por el dolor de esposa y madre de la presidenta. Muchos argentinos, como ellas, compartieron aquel ánimo de tristeza. No conviene minimizar sus sentimientos.

Le preguntamos a la señora de la flor gastada por qué, si la había acarreado tantas cuadras, no la ofrecía ella misma. Y dijo “tengo miedo de no tener fuerzas para ayudar a la señora”. De eso se trató la historia desde la muerte sorpresiva (pero no sorprendente) de Kirchner: darle a Cristina el aliento para sostener un gobierno que se quedó sin su alma política. Los más de 300 ó 400 colectivos que inundaron el jueves por la tarde/noche la 9 de Julio y ayer las inmediaciones de Plaza de Mayo no disminuyen este sentimiento: una ola creciente de afecto de miles y miles de argentinos dispuestos a darle su corazón a la Presidenta sola. ¿Le brindarían también su voto? El canciller Héctor Timerman se apuró a ponerla en carrera. Otros más, arriesgaron en el binomio al gobernador Daniel Scioli. ¿Será? Ya hay peronismo trabajando en eso.

-Podemos escribir las especulaciones que quieras. Caben todas. Habrá diez mil… Pero hay que esperar que esto decante y ver qué pasa- nos dijo un periodista amigo que escribe de política y es uno de los grandes editores del país, cuando pusimos en la cocina la especulación sobre el regreso de la fórmula Kirchner-Scioli. Y tiene razón. Puede ser cierto… ¿pero quién es capaz de decir algo certero hoy en el peronismo?

Los primeros pasos serán los importantes. Los hombres de la oposición que hablan con Aníbal Fernández, Miguel Angel Pichetto o Julio De Vido, creen que habrá por lo menos sesenta días de más kirchnerismo puro y duro. La política aguarda una radicalización de Cristina en sintonía con su tradición. Para saber qué hará una persona en el futuro hay que revisar su historia.

La presidenta tendrá una especie de relanzamiento de su gobierno a través de acciones concretas de gestión. Por esa vía se reconcentrará en el kirchnerismo al 100 %. Ya hay ministros trabajando en anuncios, según decían anoche algunos medios porteños. El apoyo social, su viudez reciente, la necesidad de contención, el viento favorable de la economía reforzarán esta plataforma política. Así, Cristina cuenta hoy con un “colchón” de afecto y simpatía popular del que no gozó siquiera cuando asumió en diciembre de 2007. Entonces, la imagen positiva de más del 69 por ciento era de Kirchner. Ese envión político que Cristina deberá aprovechar estará sostenido por Hugo Moyano, los gobernadores y legisladores fieles, y la movilización enorme con la que cuenta el gobierno: un aparato aceitado y con recursos donde las palabras “liberación”, “resistencia”, “patria”, “colonia” y otras de la política de hace 40 años resuenan en los discursos hasta taladrar el cerebro. Lo vimos, lo palpamos, lo sentimos, en las voces enojadas de la calle en estos días de duelo junto a la Casa Rosada.

Hay que reconocer a cambio que aquellas consignas setentistas fueron adaptadas a los tiempos. “Sos de Clarín”, de “las corporaciones”, o “de Cobos” es igualmente descalificador desde la particular óptica de la militancia empobrecida, a la que Kirchner rescató dándoles poder discrecional, planes, dinero y manejo público. Y lo más importante: les dotó de sentido de pertenencia y noción de dignidad propia. Muchos lograron salir de la calle y del desamparo total para ser parte de un proyecto colectivo o de una organización social. Jóvenes de un comedor llamado “Los pibes” que colaboraron ayer con la policía en el operativo de seguridad, nos mostraban de qué se trata la inclusión. Al menos, este tipo de inclusión social. No estaban solos ni eran los únicos. Muchos funcionarios y agentes bajos y medios de la administración pública vaciaron ayer las oficinas de los ministerios, la Side y la AFIP para compartir el canto y la bronca con los jóvenes kirchneristas. También habían desfilado ante la capilla ardiente bajo la atenta mirada de jefes y supervisores. Los ingresaban por un costado de la fila de Balcarce 50 desde el sector asignado a la prensa, a la vista de todos los periodistas.

El peronismo está shockeado pero no inmóvil. Desde hace semanas, oídos de Perón se prestan a los trovadores que les cantan “Scioli es el camino”. Muchos le adjudican a Julio De Vido, el hombre más fuerte del gobierno, alentar la iniciativa. Y otros dicen que Jorge Rendo, el jefe de las relaciones públicas del Grupo Clarín, también ha estado promoviendo esta posibilidad. Es que en el núcleo duro del kirchnerismo manejaban la chance de que Kirchner no fuese candidato en 2011, justamente por su salud. De hecho, cuentan que desde un sanatorio privado de la Ciudad de Buenos Aires se filtró un estudio completo sobre el estado real del ex presidente. Y que ese conjunto de precisiones médicas estuvo girando en círculos políticos de mano en mano. Alguien que conoció su contenido dijo que “para sobrevivir, Kirchner debía irse a Disney a conversar largamente con el Pato Donald y Mickey Mouse… tenía las arterias de una persona de 80 años”. El ex presidente no estaba dispuesto a ello de ningún modo. Por todo esto el plan Scioli apareció en la superficie, hasta que Hugo Moyano -que tiene sus propios espacios que defender- le puso un buen lastre. Abonando estas teorías, en el PRO piensan que Scioli tiene dos planes: uno con Francisco De Narváez en la gobernación de Buenos Aires y Mauricio Macri en la Ciudad, y otro absolutamente peronista con Sergio Massa en la provincia y Daniel Filmus en la Capital Federal. Hay otro capítulo de esta interna. El ex jefe de gabinete Alberto Fernández llamó a miembros del gobierno y le hizo llegar un mensaje a la Presidenta: “estoy para ayudar”.

Los empresarios no saben con quién hablar. Y por eso llaman a De Vido. Néstor Kirchner manejaba la economía real del país. A través de Guillermo Moreno se hizo cargo, de manera ficticia, claro, de la inflación. Por el otro lado decidía si pagar deuda con reservas, si emitir o no… También estaban bajo su órbita las decisiones de negocios con el Estado y las acciones políticas consecuentes. Cristina es la jefa institucional de la Nación, pero el jefe político era Kirchner. Los empresarios, los hombres de negocios, necesitan un interlocutor. Muchos temas han quedado a mitad de camino. Y temen que en estos “30 a 60 días” de paz mediática, social y política de los que gozará la presidenta, aparezcan demasiadas voces oficiosas. Quieren tener en claro dónde estará la voz cantante.

Los radicales y el Peronismo Federal sintieron el golpe. Saben que perderán la iniciativa por unas cuantas semanas. Se han quedado sin el principal argumento de campaña: hacer antikirchnerismo. Y una parte del país los ha maltratado un poco. En la Plaza de Mayo se pudo respirar un fuerte aire antirradical, por caso. Pero no hay que olvidar que los líderes de la UCR son todos –a excepción de Ricardo Alfonsín, con menos trayecto recorrido- expertos gimnastas de la práctica parlamentaria. Tendrán paciencia. “Hay que dejar que baje la espuma, para ver qué queda”, dicen. El peronismo opositor acomodará sus referencias en función de qué se hable y quiénes sean los interlocutores, si los hay, con el kirchnerismo. Reutemann y De Narváez parecen haber picado en punta en el entramado de relaciones, por ejemplo, con Scioli.

La muerte no fabrica de por sí mejores personas. A lo sumo, tiende un manto de piedad y aplica porciones de olvido sobre actos y caracteres, que facilitan la idealización. Kirchner fue un hombre de la democracia. ¿Fue el paradigma de la democracia? ¿Puede serlo quien manejó las estadísticas de un país con puño de hierro para que nunca se sepa cuánto es la inflación real, sólo por nombrar una “picardía”, o más bien un hecho grave? ¿Puede serlo quien casi vació de poder a la presidenta elegida por la gente, por más que fuese su propia esposa? Se le reconocen a Kirchner avances fuertes en la política social, conducir al país postcrisis con economía creciente, la renovación de la Corte Suprema menemista, o la política de Derechos Humanos. Pero ha ofrecido el flanco de la corrupción, caballito de batalla de la oposición en las próximas elecciones, y ha hecho del destrato político un extendido estilo de gestión que ahora copian hasta sus bases. Menudo legado.

El país sigue dividido. Lo vimos con claridad en una Buenos Aires partida en dos y lo hemos contado en algunas de nuestras crónicas desde el duelo porteño. A pocas cuadras de la Plaza de Mayo, donde confluyeron todo tipo de dolores por la muerte del ex presidente, la vida siguió. La Avenida Corrientes parecía “de viernes” durante la noche del censo. Restaurantes y teatros repletos, gente riendo, viviendo una vida por fuera de la noticia del momento. Muchos trataron la muerte de Kirchner con indiferencia, un fenómeno que palpamos en el lugar y que una encuesta de MDZ reflejó entre nuestros lectores el mismo miércoles. Y hubo pocos puntos de contacto entre la gente que lloró al ex presidente, más que el hecho en sí. No hicieron falta 400 colectivos por jornada para seguir la muerte de Perón, mucho menos la de Evita, y tampoco en la de Alfonsín, que fue otro tipo de fenómeno colectivo. Ha sido original el kirchnerismo en esa cara de su condolencia.

La presidenta tiene ahora la posibilidad de ser ella misma, de gobernar, de sumar más y restar menos, de acordar lo que se pueda y evitar las confrontaciones inútiles. Ha demostrado ser una mujer política con experiencia y márgenes de flexibilidad que su marido no solía derrochar, aunque sí cedía cuando no le quedaba más remedio. En estos días, muchos argentinos fueron a la Plaza de Mayo e inundaron las calles de Buenos Aires para acompañar el cortejo sin jefes ni organizaciones, sin colectivos ni movilizaciones a cuenta de algún presupuesto público, sin hostilidad, ni odio, ni resentimiento. Fueron por que así se los demandó la conciencia, a despedir a un hombre público, a un presidente, y a darle testimonio de apoyo y solidaridad a la Jefa de Estado. Esos argentinos que defienden la razonabilidad le piden a Cristina que gobierne para todos.

El tiempo dirá si hay espacio para pensar en tales posibilidades.