Néstor se muere como vivió

“Yo me muero como viví”, Silvio Rodríguez.

Foto: Ulises Naranjo / MDZ
Foto: Ulises Naranjo / MDZ

“Yo me muero como viví”
Silvio Rodríguez


 



 


Aquellos que jamás nos hemos dedicado a la política, solemos recordar el pasado republicano nacional a partir de hechos que nos resultan aislados. Saltamos de un acontecimiento histórico a otro, sin advertir que pueda haber entre ellos, necesariamente, un proceso que los vincula.

Sucede que aquellos que jamás nos hemos dedicado a la política, aunque hayamos decidido construir desde otro frente de la vida social, no solemos tener una visión histórica apropiada del último siglo en la Argentina.

No vemos el transcurso: saltamos de un hecho a otro, mientras –de manera necesaria– nos sentimos ajenos a la pulsión del político como tal. Nos resulta fácil criticarlo, descalificarlo; y nos resulta muy difícil asumir el mundo desde su mirada.

El político, para nosotros, es, en lo práctico, alguien ajeno.

Sin embargo, cuando sacamos cuentas en lo profundo, ahí aparece la figura del buen político y de la política como organismo vivo y transformador del tejido social. Nadie como el buen político para generar los cambios sociales que aquellos que amamos la democracia necesitamos.

Por eso, duele la muerte de Néstor Kirchner, quien tanto hizo por la recuperación de este país. Duele como dolió la ida de Raúl Alfonsín, quien tanto hizo por el afianzamiento de nuestro sistema democrático. Y aclaremos que la lista de líderes extraordinarios para el país desde el advenimiento democrático es extremadamente corta. 

Se trató de un hombre fundamental, imprescindible, para que en la Argentina se volviera a hablar de política y a hacer política después de tocar fondo tras la crisis del 2001 y los coros del “que se vayan todos”.

También lo fue para el reconocimiento de políticas esenciales para la conformación del sentimiento de patria, tales como los derechos humanos como bandera de dignidad ante la vida, las conquistas sociales para sectores más amplios de la comunidad, el respeto por las minorías y la libre expresión referenciada en la posibilidad de generación de contenidos a cargo de un mayor abanico de voces.

Encaró decisiones fundamentales con inusitada determinación y, más allá de las preferencias de cada uno, consiguió instaurar la idea de un modelo, algo que siempre se ha representado bajo la forma de una gran carencia en nuestra historia institucional.

Es una triste noticia la muerte de Néstor Kirchner. Es la noticia de otro hombre importante para la Argentina que se muere como vivió: apasionado e intenso.

Con esta partida, es la Democracia es quien está de luto.