“Las concesiones que hizo el kirchnerismo para conseguir los votos de diputados aliados no alteraron sustancialmente el proyecto original: los ejes centrales, urdidos para desarticular el actual mercado de medios, permanecieron intactos o empeoraron”. Así inicia su análisis de la media sanción a la Ley de Medios obtenida esta madrugada por parte de la Cámara de Diputados el periodista Adrián Ventura, en La Nación.
El autor, sostuvo, además, que “el proyecto sigue teniendo gravísimas fallas”.
Y lo enumera de la siguiente manera:
• Permite el control de contenidos y establece que éstos serán tenidos en cuenta a la hora de dar nuevas licencias.
• Fija límites muy estrechos a la posibilidad de acumular radios AM, FM y cables, y obliga a los dueños a desprenderse de las empresas excedentes en el breve plazo de un año. Tampoco una empresa podrá sumar un canal de aire y un cable.
• La ley también contiene una advertencia que es un duro golpe a la seguridad jurídica: los medios no podrán invocar derechos adquiridos por sus inversiones.
• Apareció en el proyecto, sorpresivamente, un nuevo artículo, el 31, que aparentemente les garantiza a los empresarios amigos del poder que podrán seguir explotando medios.
“Acta de defunción de la prensa”
Ventura advierte en su artículo que, no queda claro si las empresas audiovisuales que prestan el servicio de telefonía deben desprenderse o no de esta prestación.
Además, da cuenta que de acuerdo a lo aprobado, “el Consejo Federal, asesor de aquella autoridad, tendrá 38 miembros: 24 de ellos serán gobernadores, y sólo 3 representarán a los medios privados. Si el sentido de la libertad de expresión es el control de la prensa independiente sobre el poder político, los diputados aprobaron ayer el acta de defunción de la prensa”.
Y en cuanto a los controles establecidos por el proyecto oficial, Ventura sostiene una serie de críticas que ponen sobre el tapete la posibilidad de que se restrinjan al máximo las libertades. Escribe hoy en La Nación:
• Los directores de la Autoridad de Aplicación durarán en sus cargos 4 años (así, el kirchnerismo podría tener el control hasta 2013), mientras que los miembros del Consejo Federal, a los que se les reconoce la facultad de remover a aquellos directores, sólo durarán dos años. El controlante es más débil que el controlado.
• Se habilita el control de contenidos, algo contrario a todos los tratados y a la Constitución nacional.
Así, la Autoridad de Aplicación, a la hora de dar una nueva licencia "deberá evaluar" la "programación propuesta" (artículo 28) y la "ampliación del pluralismo" (artículo 34), requisito este último que parece escrito en contra del Grupo Clarín, al que el Gobierno gratuitamente califica de grupo monopólico en un país donde operan otros siete grupos, cientos de radios y de diarios.
• La ley mantiene los límites estrechos para el número de medios que puede acumular un mismo grupo. Mientras los avances tecnológicos en los Estados Unidos permiten una creciente concentración, en la Argentina se provoca una hiperfragmentación para debilitar a cada medio y dominarlo.
• Sí mejoró, un poco, el artículo 47: se establece que la Autoridad de Aplicación, que podrá cada dos años proponer al Congreso la adecuación de las normas sobre espectro y multiplicidad de licencias, hará esa actividad "preservando" (sin poner en riesgo) la titularidad de las licencias. Pero es difícil imaginar cómo podrán preservarse los derechos de las empresas frente a un cambio permanente de reglas.
Se aclaró que una vez que un medio haya agotado su plazo de explotación y la prórroga, no podrá pedir una nueva prórroga, pero podrá participar en una nueva licitación.
• Un confuso artículo 48 le permitirá al Gobierno negar licencias a un diario.
• Si se sanciona a un medio, por ejemplo, con la caducidad de la licencia y se lo saca del aire, el recurso de apelación no suspende la sanción (artículo 112). Salvo que la Autoridad, discrecionalmente, la suspenda. La ley no lo dice pero la amistad o independencia del medio tendrá peso.