Poner al gobierno en “piloto automático” significa que las estructuras se autogobiernan. No hay que esperar que, bajo el imperio del automatismo, haya innovaciones, se provoquen golpes de timón o se cimiente algo histórico y determinante. En estas circunstancias, la receta indica: hay que poner a contadores al frente: así, se aseguran que el desbarajuste no se note tanto en los números, que es por donde estalla generalmente “la cosa”. ¿Una señal de que esto ocurre? Generalmente los dejan el despacho a cargo de sus segundos y terceros, cunde el vacacionismo y los resguarda un manto de reflexión cuasi permanente.