Esta campaña electoral, desde todo punto de vista, ha sido decepcionante. Muy pocas han sido las propuestas concretas que se han escuchado, y mucho menos las que llegaron al mendocino que espera el domingo con desilusión, molestia, y descreimiento; combinación que suele preceder a las grandes tormentas.
La escasa propuesta electoral ha estado dominada por la “campaña sucia” de los partidos mayoritarios –el PJ y el Frente Cívico-, no sólo entre sí, sino también contra el Partido Demócrata y aun contra La Coalición. Hemos visto de todo, desde destrucción de carteles, “investigaciones” plagadas de intencionalidad electoral, encuestas y encuestadores “truchos”, boletas apócrifas, chicanas judiciales, hasta agresiones directas, y sospechosas y carísimas publicidades de partidos ignotos, que operaron a favor o en contra de tal o cual candidato. Todo ello, condimentado con el reparto clientelar de abundante ayuda y beneficios, una de las peores formas de hacer política en la República Argentina.
Fue una campaña, además, en donde la exaltación al máximo de las “listas sábanas” -que en general permiten colar a todo tipo de impresentables en las boletas- se notó en la práctica. ¿O usted conoce a los candidatos a legisladores provinciales de su distrito, por ejemplo, de todos los partidos? ¿Y los postulantes a las concejalías… Tiene idea de quiénes son, de cuáles son sus propuestas, en qué temas quieren trabajar? Por supuesto que no. Y esto formó parte de una estrategia clara de los partidos, en la que lo único importante pareció ser ganar aunque sea por un voto, sin importar la calidad de propuestas y candidatos que se ofrecen. Así, esta fue la campaña de los spots, de la inversión publicitaria, de las acusaciones cruzadas… pero muy limitada en contenidos útiles para la población.
En el medio de esto… ¿qué queda para la gente que debe decidir su voto? ¿Cuál es el modelo de provincia que se puso en debate? ¿Cuál es el horizonte que debemos buscar los mendocinos para salir de la chatura, la mediocridad, la corrupción institucionalizada? ¿Cómo vamos a hacer para mejorar la salud desquiciada, la producción, la eficiencia en el Estado, para que vuelva el crédito productivo, para que las escuelas no sean simplemente resumideros de chicos sin esperanzas, para que los docentes, policías y médicos tengan sueldos decentes, para que la gente no se muera por que sí, porque no tiene salida, porque el mejor medicamento es un vuelo de Aerolíneas? ¿En qué estamos pensando para salir de la Mendoza pauperizada?
Nada de todo esto se ha debatido en la campaña electoral, la más sucia y vacía de contenidos de la que se tenga memoria.
El nivel de crispación de estas semanas no reconoce muchos antecedentes. Tal vez, por ser la primera, la de 1983 se parece en algunos aspectos, no en todos. Pero la tensión política se respira en el ambiente, en cada lugar, en cada oficina y trabajo. Es que si bien se trata de comicios legislativos, algo que debería ser simple y sin tantos traumas, se ha convertido en la madre de todas las batallas. Muy distante de aquella "campaña de las propuestas" que animaban Rodolfo Gabrielli y Víctor Fayad en 1991, por ejemplo. Hoy, a 48 horas del comicio, nadie está en condiciones de decir –ni siquiera los analistas más informados- qué va a pasar la semana que viene, o cómo va a amanecer el país el lunes 29. Y eso tiene una explicación:
En esta Argentina 2009, cada sector político, cada dirigente, ha puesto sobre la mesa todo lo que tiene en juego. Algunos, simplemente representación, otros, gestión… Y otros más, apostaron distintas cuotas de un poder que late tras la política, que la ha cooptado en muchos sentidos, y cuyos intereses distan mucho de ser los de la mayoría de la población. Son poderes antiéticos. Votar a conciencia es, también, optar por aquellos candidatos que garanticen, por lo menos, la independencia de cualquier tipo de poder externo que violente su representación.
Si esta elección es tan trascendental, tan “a todo o nada”, como ya hemos dicho semanas atrás. Si este domingo se juega mucho más que un modelo, significa también que la democracia argentina sigue con respirador artificial desde 2001, y que la institucionalidad está plena de interrogantes. No por el comicio en sí, eso está claro, sino porque desde hace unos años, la acumulación de poder ha posibilitado medidas de corte unilateral que han puesto a la Argentina en tensión extrema, situación de la que Mendoza no ha escapado. Vayan como ejemplos la pelea con el campo, la confiscación de los fondos de jubilación, el manejo discrecional de ese dinero ahora en manos de la Anses, los cambios de reglas de juego permanentes, el adelantamiento electoral, las candidaturas testimoniales, los atropellos a la oposición y a sectores del peronismo de zonas productivas, la violación sistemática de las mediciones del Indec hasta transformar los índices oficiales en motivo de risas y descreimiento, el alineamiento internacional incomprensible que el kirchnerismo ha hecho del país, aun a espaldas de un peronismo –tal vez mayoritario- que duda y espera al domingo a la noche, para ver cómo sigue esta Argentina.
Por todo esto, es importante votar a conciencia, reflexionar el sufragio, votar a aquellas personas -del partido que sea- que nos brinden garantías de transparencia, de honestidad, de capacidad intelectual y de trabajo para salir adelante, de independencia de los poderes que han saturado la política de negocios a espaldas de la gente. Y que sean además garantes de una república seria, previsible, de una provincia capaz de crecer, de mejorar para todos, de encontrar el camino que la saque de la postración.
Este domingo, piense en todo esto al votar. Nosotros, que estamos preocupados por la situación mendocina, y la del país, lo estamos haciendo. Porque la Argentina se está transformando en una republiqueta autoritaria y devaluada, y Mendoza, inserta en ese contexto, en una provincia pobre y dependiente.
Vote a quien vote, hágalo a conciencia, por un país realmente representativo, republicano, y federal. No se deje engañar, ni llevar de las narices. Simplemente medite su sufragio, porque ello es un acto de responsabilidad, para poder pensar después un modelo de provincia, y de país, que nos contenga a todos.
Vote a conciencia
Argentina se convierte en una republiqueta devaluada. Y Mendoza, poco a poco, en una provincia pobre y dependiente. Por eso, el domingo, vote a quien vote, le pedimos que lo haga a conciencia, que reflexione, que piense a quién le va a dar la máxima confianza civil que se le puede dar a un ciudadano, que es la de la representación popular en los poderes públicos de la Nación, de la provincia, y de cada departamento.