Carta abierta al señor Alejandro Cazabán

El autor fue funcionario, y uno de los denunciantes en el caso de los Vale Más. Y salió a contestarle al Secretario General de la Gobernación.

Señor Alejandro Cazabán, le escribo con la casi certeza de que esta comunicación será una prédica en el desierto, pero al menos quedaré en paz con mi conciencia por haberlo intentado.

Que usted (o cualquier otro) se rasgue públicamente las vestiduras con respecto al tema de la corrupción, no sirve, nuestra ciudadanía está un tanto cansada de acusaciones estériles. Arrojar un manto de sospecha sobre la totalidad de un gobierno, sencillamente no es creíble.  Hablar de transparencia cuando se tiene un cementerio en el propio living, es desfachatez.  Vociferar verdades a medias es una forma poco elegante de mentir, y pretender que los mendocinos crean y confíen en quien abusa de ese recurso, es una quimera.

A la corrupción se la combate colaborando con la Justicia, nada más revolucionario que la dignísima actitud republicana de llevar las evidencias de un delito a la fiscalía de turno.  Ser serio en esto es lo que hace la diferencia, todo lo demás es agua de borrajas.  Usted está en perfectas condiciones de contribuir con el esclarecimiento de cualquier delito que se hubiera cometido en el pasado reciente, si es que ese fuera su deseo.  Por el contrario, degradar la contienda política con rústicos sainetes puede desembocar en el resultado inverso a lo esperado; y si no, observe a su compañero Luis Ruzo quién interpretara el papel de paladín de la decencia y ahora los mendocinos sabemos de sus mentiras y negociados a favor de los cómplices en el caso vale más.  Tal es la falta de autoridad moral de este indecente (lamentablemente con fueros que le brindan impunidad) que desde hace una año y medio se ha llamado a silencio, hasta los senadores Carlos Aguinaga y Alejandra Naman lo evitan; tan pueril resultó el comportamiento del indigno que hasta el propio justicialismo le negó la posibilidad de candidatearse en las próximas elecciones.

En forma cíclica, en realidad cada vez que la gestión de vuestro gobierno no es valorada como se pretendería, usted desata un huracán de amenazas que prometen el infierno a los corruptos del gobierno anterior, los montajes duran un par de jornadas en los pasquines de ocasión y luego la nada, nada de su parte.  Consejo:   ponga lo que hay que tener para el esclarecimiento de un presunto hecho delictuoso y si carece de ello, llámese a silencio.  No hay billetera que alcance para sostener “la imagen” de funcionario preocupado y ocupado por la transparencia cuando los hechos se encargan de desmentir tal impostura.

Quienes hemos tenido la oportunidad de formar parte de la administración pública, estamos obligados a mantener la templanza aún en los peores momentos; es allí donde se ve la madera de la que cada uno está hecho.  La angustia y frustración de todo hombre tiene que ser sabia y fríamente administrada, máxime cuando el derrotero de una sociedad en gran medida depende de las acciones, las palabras y los silencios de sus dirigentes.  Usted y nuestro gobernador deben ponerse por encima de las miserias, como dice el jingle “levantando vuelo” y no chapotear alegremente en el fango del desencanto. Entiendo la desazón de quién se esmera por una gestión y sólo cosecha críticas, tal vez haya llegado el momento de definir un rumbo y redoblar los esfuerzos.
 
La sociedad de la que formamos parte necesita que sus dirigentes intercambien ideas acerca de cómo resolver los problemas comunes, en ese sentido los debates deben ser edificantes:   ¿cómo construimos ciudadanía?, ¿cómo avanzamos hacia políticas sociales integradas en lugar de las focalizadas que sólo generan clientelismo y mantienen al hombre en situación de pobreza?, transformar el sistema tributario para que sea progresivo,  democracia con mayor intensidad, reforma política y electoral para que nuestros representantes ganen en aspectos cualitativos, diseñar mecanismos de control que verdaderamente cumplan con su misión, etc.  En cuanto a la transparencia en la gestión pública, esta no se produce con gastada retórica, sino con acciones conducentes.

(*) El autor de la nota junto al ex ministro Sergio Pinto, fueron los que motorizaron la investigación penal, a poco de haber asumidos en el año 2006, de la estafa producida en el programa alimentario.