Después de casi cuatro horas de debate, finalizó la interpelación del secretario general de la Gobernación, Alejandro Cazabán, en la Legislatura. Sus explosivos dichos no conformaron a los legisladores, mientras que ahora Cazabán extenderá un poco más su puesta en escena legislativa con una conferencia de prensa.
La denuncia del Secretario de la Gobernación, Alejandro Cazabán, cambió el eje de la discusión en la Legislatura. Sorprendió a unos pocos, incomodó a unos cuántos e hizo rabiar más que nada a uno solo. Eso sí: Cazabán confirmó lo que se especulaba desde la mañana en el Salón de los Pasos Perdidos. Que llegaba a la Casa de las Leyes con los botines en punta.
Así, los principales cabecillas de las bancadas directamente dejaron de lado el tema por el que se había citado al asesor del gobernador: la política de juego de esta gestión y los criterios de aplicación del decreto 2595, que versa sobre el espacio -el 4 por ciento de la superficie cubierta- que deben tener los casinos en los emprendimientos hoteleros.
Todo eso fue apenas una anécdota, ni bien las palabras de Cazabán dieron nombre y apellido a los "apretadores": los empresarios Daniel Vila y José Luis Manzano. Y lo hizo justo al lado de un ex gerente del grupo en cuestión, Daniel Pereyra, ahora presidente del Instituto de Juegos y Casinos.
Así, Jorge Tanús, presidente de la cámara de Diputados, dijo mostrarse sorprendido por los dichos del funcionario que ocupa un estratégico rol en el Gobierno.
Por su parte, el cobista Andrés Marín, criticó la inacción del Gobierno para denunciar la situación extorsiva.
Pero el que aportó el detalle revelador fue el diputado justicialista Carlos Bianchinelli: confirmó que esta situación había sido comentada en una charla entre funcionarios.
Finalmente, la denuncia de Cazabán confirmó lo que se esperaba desde la mañana. Y, quizás aún antes, cuando el super asesor de Celso Jaque aceptó -en lugar de ir a comisiones, donde habría estado más cómodo y celosamente custodiado por el oficialismo- ir al recinto, para informar abiertamente ante la prensa y ser interpelado por los legisladores.
En el Salón de los Pasos Perdidos, se estimaba que Cazabán podría sacar los pies del plato. Algo que finalmente pasó, y justo al lado de Pereyra, seguramente incómodo -más no sorprendido- por los dichos de quien ahora depende políticamente.