Testimoniales

Sabido es que el vocablo “testimonial” deriva de testimonio y de testigo. Es decir, de algo o de alguien que dan fe y certeza, por el sí o por el no, de algún hecho ocurrido o de palabras pronunciadas. El testigo y el testimonio conllevan la virtud de acercarnos certezas sobre hechos que son relevantes para la resolución de algún asunto, así como también para desenvolver correctamente nuestras vidas, para buscar horizontes y para lograr una convivencia más sana y saludable para todos.

En el acto electivo nacional del mes de junio próximo-pasado se presentaron varios ciudadanos (más de 20) invocando “candidaturas testimoniales”, es decir, ciudadanos que se proponían a los votantes como “figuras simbólicas” de un determinado proyecto político haciendo la salvedad de que, de ser elegidos, podrían o no asumir la responsabilidad para la que se los había elegido.

A estos días, por lo menos tres (3) de los cuatro primeros candidatos “testimoniales” del Frente para la Victoria electos por la provincia de Buenos Aires como diputados nacionales, han decidido no asumir sus cargos el 10 de diciembre próximo.

Y aquí nuestro primer interrogante: ¿qué sentido tiene postularse para una responsabilidad republicana y embarcar en esa decisión a una importante cantidad de personas si, luego de resultar elegidos ostentan el “privilegio”(??) de asumir o no la responsabilidad conferida por los ciudadanos? Es como querer y no querer. Como que sí y como que no. Es “por las dudas”.
Se plantea otro interrogante: ¿la profunda crisis por la que está atravesando la Argentina en todos los aspectos socio-económico-políticos y en todos los estamentos societarios, no tendrá su causa y origen en este “sí, pero no; no, pero sí”; en este querer y no querer; en “y...en una se esas, sale”?

Ahora una certeza en forma de pregunta: ¿continuarán extrañándose las/los políticos de que los ciudadanos ya no creamos siquiera una palabra o promesa de parte de ellos? ¿Continuarán rasgándose las vestiduras porque la gente no quiere participar en la política partidaria ya que la considera algo sucio y corrupto? ¿Con qué cara o argumentos -no dinero,¡válgame Dios!-  nos van a convencer de que la Patria es de todos y la construimos entre todos?

A esta forma travestida de hacer política acaba de agregarse un eslabón más, no el único, para continuar con ella: el gobernador electo por Corrientes -de profunda convicción Radical, según sus propias palabras- acaba de “pasarse” al kirchnerismo. Lo que, generalmente, calificamos como  “panqueque” o “borocotó”. Determinación ésta empujada no por su conciencia, sino por la chequera que maneja el ex presidente Kirchner. El gobernador electo por la mayoría de los ciudadanos correntinos que confiaban en una orientación política distinta para su provincia, ante esta voltereta, ¿es merecedor del calificativo de persona y de ciudadano?

Ante esta cantidad de engaños y fraudes a que es sometida la ciudadanía, opino que es imperioso que nuestros políticos reflexionen y mediten sobre esta forma de hacer política, que es ya casi una “marca registrada” desde hace años.

Y más importante aun: que oteen el horizonte para ver hacia dónde están conduciendo a la sociedad argentina con estas prácticas políticas que aniquilan el sentido de República, de Democracia, y de Ciudadanía.

A no ser que, como profecía autocumplida, estén preparándose para el apagón de votos y de votantes que está en puertas.