Para que la reforma sea exitosa es necesario que cumpla con dos requisitos esenciales: ser el fruto de un gran trabajo parlamentario y el resultado del consenso alcanzado por todas las fuerzas políticas. De lo contrario, repetiremos la experiencia del 2002, cuando el partido de gobierno impulsó la ley de internas abiertas obligatorias y cuatro años más tarde propició su derogación. Cuando los cambios se introducen como soluciones a los problemas coyunturales de determinada fuerza política, tenemos por resultado reformas parciales y transitorias que deslegitiman el sistema de representación.
Es por ello que insistimos en la necesidad de darnos un debate serio en el Parlamento. Son varios los ejes que se debieran contener: sustituir el sistema de boletas por partido por el de únicas; transferir del Ministerio del Interior a la Cámara Nacional Electoral la realización del escrutinio provisorio y la administración de los fondos destinados a los partidos políticos; prohibir la contratación de publicidad en medios masivos de comunicación permitiendo sólo la utilización de los espacios públicos al mismo tiempo que se establecen límites precisos a la publicidad oficial; y cambios en el método de selección de autoridades de mesa. La boleta única elimina las prácticas de manipulación, como su robo, el desvío a otras jurisdicciones electorales o su destrucción.
En 2007 este tipo de maniobras impidió que muchos pudieran votar por los candidatos de su preferencia. Creemos que el escrutinio provisorio en manos de quien gobierna genera sospechas. En el mismo sentido, la administración de los fondos públicos con destino a los partidos no puede continuar en manos del Ministerio del Interior, puesto que si bien la ley establece criterios de distribución también deja un margen amplio de discrecionalidad con relación a los aportes extraordinarios que pueden recibirse. La sanción de una reforma política no mejorará per se la calidad de los electos, no eliminará el clientelismo, no evitará las trampas, ni alentará una mayor participación cívica, si no comenzamos por la verdadera reforma política que no es otra cosa que la lucha contra la pobreza.
Tenemos que garantizar el ingreso universal a la niñez, reconociéndolo como un derecho, para poder construir ciudadanía y mejores instituciones democráticas.