Tras descartar la renuncia de Cristina, el ex presidente ordenó una campaña anti-Cleto. Lo quiere fuera del poder.
El jueves a la mañana Néstor Kirchner hizo catarsis. No fue una versión. En esas horas aciagas para el Gobierno, el ex presidente quería forzar la renuncia de Cristina. Hubo un scrum de contención. De los moderados, pero también de los más revoltosos. Hasta Luis D’Elía, punta de lanza de las posiciones más extremas del kirchnerismo, intervino para pedirle prudencia.
Cuando se apagó la hipótesis de la dimisión, a los llamados solidarios de los dirigentes, el santacruceño devolvió, rápido como un frontón, una súplica con packaging de orden:
–Salgan a pintar “Cobos traidor”.