Los ganadores y perdedores nacionales

El resultado de la elección dejó un inventario de ganadores y perdedores que terminará determinando el futuro del país desde el plano político y también desde las aristas más sociales. Quiénes ganaron y quiénes perdieron en esta lucha de dos bandos que no lograron apostar por el diálogo.

El matrimonio presidencial ha quedado mal parado. Foto: EFE
El matrimonio presidencial ha quedado mal parado. Foto: EFE

Los ganadores nacionales

 

Las entidades ruralistas y Alfredo De Ángeli: Sostuvieron un proceso desde marzo. No aflojaron a pesar del revés en Diputados. Primero levantaron las banderas de un sector o de un grupo de corporaciones, pero luego, con la continuidad del debate y el surgimiento de contradicciones en el seno del oficialismo, la dirigencia del campo abrió un debate más amplio y aglutinó, detrás de la figura negativa de Néstor Kirchner, a los sectores más variados de la oposición. Movilizó a la sociedad y le hizo probar al peronismo de su propia medicina, al triplicar la cantidad de gente que reunió en su acto con respecto a la reunida alrededor de la convocatoria de quienes apoyan al Gobierno. De Ángeli surgió espontáneamente como un personaje y logró darle al reclamo cierto perfil de leyenda, al que decoraba con oportunas victimizaciones. Finalmente, luego de ser detenido por Gendarmería, le puso mística a la lucha de sectores que pocas veces antes se movieron en el terreno de la política a cara descubierta. Ahora, deberán sentarse con humildad y estar dispuestos a negocias, o sea, a ganar y a perder. 

 

Las/os cacerolera/os

: Salieron a la calle a hacer sonar sus cacerolas, en un sinfín de ciudades del país. Algo les molestaba notoriamente: la soberbia con que a veces se ejerce el poder desde el poder. Con un alto sentido de la participación democrática, lograron, condicionar la continuidad de un conflicto que el 14 de junio se encontraba en una encerrona. En la previa de la votación, volvieron a ponerle música de ollas a la decisión del vicepresidente Julio Cobos de patear el tablero y pedir que enviaran el proyecto sobre retenciones al Congreso. Y la gente ganó.

 

Eduardo Duhalde

: A río revuelto, aparece Duhalde acompañado por Barrionuevo, De la Sota, los Rodríguez Saá, Carlos Menem y tantos otros pejotistas relegados, dispuestos a sacar tajada. Duhalde, hábil, que lo es, supo abrir las puertas de su casa para contener a los díscolos del peronismo, al punto de hacer aparecer a los “K” como los errados. Con la irrupción de los Duhalde y los Barrionuevo, ¿qué será del Partido Justicialista de acá a un año? Nadie lo sabe. Otros, más activos, también ganaron. Es el caso de Das Neves, Schiaretti, Reutemann y Solá, hombres que tenían mucho que perder, más que mucho por ganar. A pesar de esto, se enfrentaron al poder “K” y salieron airosos. Otra que tomó postura desde el comienzo fue Lilita Carrió. Diferente es el caso de Mauricio Macri, quien también tenía mucho que perder y no se arriesgó a padecerlo; se mantuvo al margen y dejó en el rol de la acción a su legislador Federico Pinedo.

 

Hermes Binner

: Una figura interesante en el abanico político nacional, sobre todo por ejercer el socialismo desde el poder y la moderación. Le puso su típica cordura al debate e instruyó a sus legisladores nacionales a buscar una alternativa. Inteligente, no dudó en hablar bien de su archienemigo Carlos Reutemann en la búsqueda de una salida. Se juntó con todos: con los ruralistas, con los diputados, con los senadores, con Julio Cobos en el Senado cuando convocó a los gobernadores y con la Presidenta en la Rosada, a pesar de disentir. Al final, salió fortalecido. 


 

El rejunte opositor

: Encontraron una puerta y una causa y aportaron sus apellidos y algunos sus seguidores. Hablamos de los Castells, Barrionuevo, Blumberg, Cecilia Pando, la Corriente Clasista y Combativa (CCC) y el MST. Seguramente festejaron la derrota oficialista en el Senado como un triunfo propio, a falta de hechos que los destaquen por sí solos. De alguna manera, cosecharon algo de la alegría del campo, ya que los acompañaron a todos los actos y hablaron a su favor aunque, muchas veces, con argumentos distintos. Lilita Carrió, por ejemplo, dejó un ejemplo patético cuando quiso subir al escenario y la gente del campo la bajó de la escalera. ¿Qué pasará con ellos de aquí a un mes? Seguramente poco, nada. 
 

 
Los perdedores nacionales 
 

Néstor Kirchner y Cristina Fernández

: Perdieron en absolutamente todos los terrenos. Finalmente, perdieron incluso en el territorio de lo institucional, con el revés obtenido en el Senado de la Nación. Pero perdieron también en la calle al no alcanzar el nivel de movilización que logró la oposición y perdieron en lo político al confiar demasiado en la vieja estructura del PJ (que supieron combatir) dando de baja a una moderna Concertación que les servía de aliento. Los pases de factura por lo ocurrido en el Senado serán grandes ahora. Además, se alejaron de sus aliados que no son del Frente para la Victoria y también cometieron errores insalvables hacia el interior del núcleo K. Ahora, o se reinventan o sucumben.


Daniel Scioli

: en un primer momento, amagó con apoyar a Cobos en el esquema de diálogo y proposición. Luego, lamentablemente para él, se jugó por el proyecto de Néstor y de Cristina. Fue a los actos. Secundó con obediencia y ahora, tras esta derrota, una provincia tan agrícola como la que comanda le queda (valga el término) a contramano. Scioli deberá remar ahora para no quedar de espaldas a los sentimientos e intereses de la gente que, en su provincia, viven  las zonas rurales. Otros gobernadores como Capitanich, Uribarri y Saíz perdieron por no defender el federalismo y, con ello, sus propias economías nacionales.


 

Luis D´ Elía, Hugo Moyano y compañías

: Creyeron que infundiendo miedo a través del ejercicio de una militancia violenta iban a conseguir la alineación de los aliados. Confundieron su partido con la Patria y por lo tanto, se autodenominaron patriotas, haciendo alarde de un heroísmo épico inexistente, más cercano a la violencia que a la gesta. Ellos fueron quienes marcaron la raya que dividió a los argentinos. La gente les demostró que con hacer sonar muy fuerte un bombo no alcanza y que hay modos más apropiados de militar una causa política. Moyano en particular, como Scioli, amagó con calzarse un disfraz de paloma, pero Néstor Kirchner lo obligó a vestirse de halcón. Entonces, puso todos los obstáculos que pudo a los ruralistas. Cerró una alianza con los Kirchner que le costó un tercio de la conducción de la CGT que se fue con Barrionuevo y creó otra central obrera. Su sindicato ha quedado estigmatizado a través de sus conductas. 

 

Hebe de Bonafini

: La madre de Plaza de Mayo desató su lengua en contra de todo quien opinara diferente al Gobierno nacional. Llegó a decirle “hijo de puta” al vicepresidente de la República y se sumó a todo tipo de versiones que desacreditaran no sólo a los opositores, sino a quienes osaran ponerle algún matiz al pensamiento K. Conductas como estas, lamentablemente, ensucian la noble causa de las Madres. En su línea, pero desde la intelectualidad, han quedado mal parados intelectuales como Horacio Verbitsky y el grupo de pensadores que firmó solicitadas a favor del gobierno. Algunos lo hicieron desde su íntima y respetable convicción. Otros, para defender un sueldo. 
 

Miguel Angel Pichetto

: Un párrafo también para el senador antes ultra menemista y ahora ultra “K” Miguel Angel Pichetto. La furia de sus palabras, sus gestos en el recinto y sus nulos deseos de construir una alternativa de diálogo lo ponen naturalmente en el sitio de los derrotados. Llegó, incluso, a amenazar al vicepresidente y a decir la barbaridad de que el Congreso “no era para librepensadores”. Tal intimación a la obediencia lo torna, cuando menos, peligroso. Otros que quedaron con el reloj atrasado fueron los ex montoneros y hoy kirchneristas a ultranza. Citemos los casos de Carlos Kunkel, Cuta Moyano y Dante Gullo. 

 

Guillermo Moreno y Enrique Albistur

: Dos funcionarios tan impresentables como clave en la gestión de los Kirchner, pues en ambos casos sus afanes son dedicados casi exclusivamente a la generación de un discurso paralelo al de la realidad que viven a diario los argentinos.  Uno, Moreno (secretario de Comercio) por un lado miente descaradamente sobre el costo de vida de los argentinos y luego se exhibe con patovicas en actitud de barra brava. Otro, Enrique Albistur (secretario de Medios), se dedica a comprar y a castigar medios de comunicación y a armar una vergonzosa publicidad oficial donde mostró a los dirigentes del campo casi como delincuentes. Así se mueven los dos: haciendo uso y abuso de los aparatos estadísticos, publicitarios y comunicacionales del Estado.

Los resultados, para unos y otros, están a la vista.