Cuatro meses después de iniciada la puja por las retenciones, la historia (como cualquier relato que se precie de tal) ha tenido su evolución. Aquí, marcamos algunos puntos que emergen como destacados de la evolución que referimos.
1) Concepto federalismo
El conflicto se inició, se recordará, como muy focalizado. Se trató de imponer y de rechazar el acrecentamiento de una alícuota. Sin embargo, con los meses, fue cada vez más claro que el debate de fondo era otro, tan antiguo como el mismo país: el federalismo y la revalorización del interior del país. Si bien está claro que aquí se habla de dinero, como pocas veces, ese valor monetario tiene un altísimo contenido simbólico: se habla de quién y cómo lo reparte en un territorio llamado Argentina.
Al respecto, recordemos que luego de la última Reforma Constitucional, nunca se cumplió el mandato de reformar la coparticipación federal. Además, aquella reforma del año 1994 enfatizó la importancia electoral del conurbano bonaerense en detrimento del resto del país. A tal punto, que la votación del distrito La Matanza, en la provincia de Buenos Aires, termina determinando quién será elegido presidente.
Esto se está comenzado a revertir. Ayer, en la marcha de los ruralistas, el principal lema de las organizaciones convocantes era la recuperación del concepto federal.
2) Los dueños de la pelota
En nuestra infancia, aquel que era dueño de la pelota, si además era un desalmado, tenía y ejercía el poder de determinar hasta quiénes jugaban en su equipo y hasta cuándo duraba el partido. El poder político y el poder económico se han movido en esta línea en la Argentina. Ayer, el poder político recibió una lección: a veces, los jugadores pueden conseguir su propia pelota y hacer un partido aparte.
Estilos de ejercicio de gestión prepotentes como los del matrimonio Kirchner o el que ejerció en los '90 Carlos Menem parecen formar parte del menú del hastío del ciudadano común. Por suerte, ese ciudadano común está participando más activamente y ha ganado, incluso, en dignidad social: ahora se opone a aquella visión cínica que indicaba que se toleraba el mal funcionamiento de la democracia, si a cambio había resultados económicos.
Estas situaciones han entrado en un punto de inflexión en la Argentina.
3) El Congreso de la Nación está vivo
Hasta hace unos días, el Congreso de la Nación, en esta película del país, tenía menos protagonismo que los extras de las películas romanas. No obstante, los cacerolazos en distintos puntos de la república y un giro político previsto por pocos terminaron colocándolo en el centro de la escena.
Antes, un instrumento republicano y democrático tan relevante, venía siendo dejado la lado y así hubiere ocurrido si la postura ruralista no se hubiese transformado en postura federalista. Así, una resolución ministerial se transformó en un debate nacional.
Si bien lo recordamos, el deterioro viene de la década pasada, cuando menos. Empezó con los "decretazos" de necesidad y urgencia de Carlos Saúl Menem. Después, se agravó con Néstor y llegó a su clima orgásmico con este conflicto, en el que un ministro decide establecer impuestos y definir una Política de Estado, a través de una simple resolución.
La sociedad, la gente en la calle, le puso coto a esto, no el habitual ejercicio político. Y ese límite, paradójicamente terminó fortaleciendo al sistema político en uno de sus poderes fundamentales: el Legislativo.
4) La oposición:
La tremenda marcha ruralista de ayer, digámoslo, juntó de todo: socialistas, Blumberg, De la Sota, Lilita Carrió, Cecilia Pando, UCR ortodoxa, Duhalde, Castells, Miguens y Buzzi… Esta concentración, a diferencia de la citada por Néstor, tiene un carácter más social que político.
Por esto mismo, no se puede pretender que tan tremendo y variopinto conglomerado resulte lo que tradicionalmente entendemos como "oposición". Y, además, por el hecho de que no todos los que fueron a la marcha ruralista fueron motivados por obtener un rédito político. De hecho, seguramente la mayoría fue por afanes más republicanos que políticos.
La convocatoria del campo mezcló de todo. Y que, como muestra, baste la escucha de los discursos de tres de los representantes de “la movida del campo”: Miguens representando a la tradicional Sociedad Rural, Buzzi representando a los cuadros políticos de base y De Angeli y su personaje de campesino maltratado y popular.
De todo esto, es seguro que no saldrá una alternativa política. ¿O alguien se imagina a Cecilia Pando conviviendo con el Partido Socialista de los Trabajadores? ¿Castells con Miguens? ¿Justiniani o Binner con Juan Carlos Blumberg?
Más allá de esta dicotomías, algo para destacar especialmente: se pidió más democracia y mejores instituciones. Esto, en nuestro país, es un hallazgo a atesorar.
5) Campo vs. Ciudad:
A partir de la explosión de la Revolución Industrial, segunda mitad del siglo XVII, el mundo configuró una dicotomía que hoy permanece intacta: la del campo y la ciudad. Sucedió así: de pronto, un hombre de campo, salió de su rancho y vio pasar un tren, un avión y un auto. Y ya nada fue lo mismo.
Uno de los movimientos culturales y políticos más importantes de la humanidad, el romanticismo, surgió a la luz de esta evidencia.
Curiosamente, en Argentina, el conflicto que nació en el campo culminó con su máxima expresión en la ciudad y con apoyo de los ciudadanos. Unos, los del campo, movidos por sus intereses (que siguen resumidos en metálico) y otros por intereses democráticos y políticos.
Como sea, fue particular mirar hacia el piso y dar con un testimonio irrefutable: había alpargatas y zapatos, gente de provincia y porteños. Y un denominador de clase media con afanes participativos.
La otra marcha tuvo, fiel a su impronta peronista, una mayor participación de militantes, motivados por una actitud de corte más partidaria.
Desde la mirada más política, qué tanta fuerza han ganado y perdido unos y otros, no lo sabremos con una votación del Senado (que, por cierto, no hará concluir estos procesos, más allá del resultado), sino, en todo caso, en una próxima elección.